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Batucada pepera contra Marlaska en la sesión de control a la mafia

La bancada del PP coreó la dimisión del ministro mientras golpeaba el mobiliario con un ritmo marcial y carnavalero. Parecía que llamaban a King Kong.

La bancada del PP coreó la dimisión del ministro mientras golpeaba el mobiliario con un ritmo marcial y carnavalero. Parecía que llamaban a King Kong.
El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, a su llegada a la sesión de Control celebrada este miércoles. | EFE

Mala mañana la de este miércoles para María Jesús Montero, quien, con Sánchez refugiado en la India del tsunami de escándalos, visitando murales y abogando por una IA humanista, desperdició una oportunidad preciosa –bueno, igual eso es mucho decir– para promocionar en el Congreso, como suele, su candidatura a la presidencia de la Junta de Andalucía. La visepreci, peinada como Calpurnia y trajeada a lo Tony Manero, famélica de protagonismo, contempló resignada cómo el infausto Marlaska la relegó a mera actriz de reparto por eso de que el DAO que hasta este martes le susurraba dimitió cuando los medios publicaron que se le investiga por violar a una agente en una vivienda de Interior. La ministra de Hacienda que en Adamuz consiguió atravesar a codazos un muro de periodistas y colocarse junto a los Reyes fue absorbida, junto al resto del Ejecutivo, por un agujero negro que responde al nombre de José Ángel González. Unas veces se gana y otras se pierde. No es difícil imaginarla haciéndole vudú.

El PP preparó la sesión de control al Gobierno como si este fuera una delegación de la ‘Ndrangheta o de la Cosa Nostra. "Todavía se sorprenderán", le dijo Ester Muñoz a Montero, "de que alguien diga que son ustedes una mafia". La portavoz del Grupo Popular desenrolló el pergamino de chorizadas –que si el fiscal, que si Begoña Gómez, que si el amaño de las primarias, etcétera– y recitó una letanía de malhechores: "delincuentes para financiar el PSOE", "en el Consejo de Ministros", "en el Gobierno", "en la Fiscalía General del Estado" o "en los altos mandos de la Policía Nacional". Eché en falta un delinque pro nobis en cada advocación, o como se diga. La diputada leonesa estrechó el cerco sobre el ministro del Interior y Montero se escurrió invocando al alcalde de Móstoles, a Rato y a Bárcenas. Ea. Igualita que Sarah Santaolalla.

Miguel Tellado: "Vaya feminismo asqueroso el de esta izquierda en contra de prohibir el burka, pero a favor de encubrir violaciones de un mando policial". También recurrió a la licencia mafiosa –"Convive peligrosamente con una organización criminal y este será su legado"– y criticó la "cobardía" del PSOE por "querer echar a Felipe González" o culpar "de la derrota en Aragón" a Javier Lambán. La ministra de Hacienda, erre que erre, contraatacó recordando la maldad nosferática de su predecesor, Cristóbal Montoro, sin mirar a su interlocutor y girándose constantemente hacia su izquierda, como si debatiera con los diputados de ERC o del PNV. Todo un misterio. La secretaria general del partido en el que manda la Ana Rosa de Canal Red, Ione Belarra, atribuyó la subida del precio de los huevos a Juan Roig y le llamó "ser despreciable". "¡Vaya tela!", clamó algún diputado. La delegada del PSOE en la presidencia del Congreso, Francina Armengol, permaneció impasible.

El popular Jaime de Olano soltó una chapa furibunda, pidió la dimisión de Marlaska y no le hizo pregunta alguna a Yolanda Díaz, quien, con cara de villana de una película de cine mudo, se lo ventiló en un tris: "A la pregunta que no ha formulado, respondo sí". Perro ladrador, ya se sabe. Jaime de los Santos descubrió lo nefasta que es como parlamentaria la sucesora de Pilar Alegría, la antipagista Milagros Tolón, quien dijo que "nosotros, el Gobierno del PP" ha "aumentado el mal". El vicesecretario de Educación e Igualdad de los populares sonrió como un marrajo que se ha topado con un delfín herido. Por su parte, Cayetana Álvarez de Toledo le preguntó a Bolaños si "está con el fiscal general condenado o con el TS que lo condenó", el ministro ministril la acusó –y van…– de divulgar bulos del 11M, concluyó con su habitual "gracias" a lo David Summers, y la portavoz adjunta del PP, de la misma manera, le respondió: "¡De naaada!". Álvarez de Toledo tildó de "devastador" que Marlaska permanezca en el cargo, habló de un sobre de Aldama que "contiene pruebas de financiación millonaria del PSOE" e instó a los socialistas a disolverse "antes de que lo haga un juez".

Mirian/Miriam –en el Congreso lo escribe de una manera; en sus redes sociales, de otra– Guardiola, a Marlaska: "Tiene que dimitir hoy. Ha permitido que un presunto violador esté al frente de la Policía Nacional". La diputada por Murcia acusó al ministro del Interior de conocer unos hechos "terribles": "Usted lo sabía y usted lo tapó. Usted sólo ha ordenado que dimita su DAO cuando lo ha hecho público". Marlaska amenazó a quienes le acusaron de encubrimiento –"Digan fuera de este hemiciclo que el ministro del Interior conocía los hechos y no actuó; entonces, nos veremos en otra instancia"– y aseguró, segundos antes de que las diputadas del partido cuyo líder azotaría hasta hacerle sangrar a Mariló Montero abandonaran la sala, que dimitirá "si la propia víctima no se ha sentido protegida o ha entendido que este ministro le ha fallado en algún sentido". Tic, tac, diría Pedrerol.

En estas, imbuida por los espíritus de Olodum y de Marcial Ruiz Escribano, la bancada popular transmutó en una batucada masiva y, durante largo rato, coreó la dimisión de Marlaska mientras golpeaba el mobiliario con un ritmo entre marcial y carnavalero: "DI-MI-SIÓN", PUM, PUM, PUM, "DI-MI-SIÓN". Parecía que llamaban a King Kong. Para compensar, socialistas y sumandos ovacionaron patéticamente al único ministro del Interior del sanchismo. Fue un aplauso funesto, como de buitres, similar al que esos mismos sujetos brindaron a Ábalos o a Cerdán justo antes de sus respectivos despeños. Entretanto, Feijóo disfrutaba del espectáculo, sonreía y alzaba las cejas. Como Montero en Adamuz.

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