
Desde que el ministro Marlaska permitió y jaleó la expulsión tirando a linchamiento de representantes de Ciudadanos de un desfile del Orgullo Gay en Madrid (la faena incluyó insultos y lanzamientos de orines…), uno pensaba que el titular de Interior ya no podía caer más bajo. Hasta que le vi y le oí decir, en sede parlamentaria, que no pensaba dimitir por el escándalo del DAO a no ser que la presunta víctima de la agresión sexual se lo pidiera. ¿Qué tal habría sonado que el expríncipe Andrés de Inglaterra -detenido este jueves- se negara a abandonar sus títulos reales a no ser que las víctimas del caso Epstein se lo pidieran por burofax?
Sin anticipar el desenlace judicial del caso del DAO ni poner en solfa la presunción de inocencia de nadie, creo que el ministro Marlaska añade abuso de poder al abuso de poder y escarnio al escarnio. Que una mujer policía denuncie la agresión sexual de un superior en el cuerpo ante los tribunales y no en comisaría dice mucho de hasta qué punto podía sentirse "protegida" por el Departamento de Interior. Que llevara meses de baja por este motivo, que el dato fuera conocido por la nueva DAO interina y anteriormente jefa jerárquica de la víctima (cuando era, atención, subdirectora de Recursos Humanos…) y que no pasara nada hasta que la querella se ha hecho pública, es otro dato elocuente. Y deprimente. Que la identidad de la denunciante saltara a la palestra y sólo después del escándalo le hayan puesto escolta añade más matices goyescos al cuadro.
La policía no es tonta, pero a menudo sus mandos políticos se lo hacen. El ministro Marlaska sabe perfectamente que una policía nacional no va a pedir su dimisión. Que eso es una imposibilidad jerárquica, por no decir moral. Que esta gente está acostumbrada a comerse los marrones sola. ¿Dónde estaba Interior cuando esta mujer se cogió la baja? ¿Por qué no saltó ninguna alarma, ningún mecanismo de protección, ninguna investigación interna, hasta que el tema ha llegado a la mesa de un juez? ¿Estos son los que tienen que defender a las mujeres civiles de agresiones sexuales, si no son capaces ni de defender a las mujeres que integran el Cuerpo Nacional de Policía?
Déjenme acabar con un último apunte inquietante. ¿Se acuerdan de Rosa Peral, la exagente de la policía municipal de Barcelona, condenada a 25 años por el famoso "crimen de la Guardia Urbana", del que ella siempre se ha declarado inocente, asegurando que el asesino era su amante de entonces, el también policía Albert López, y que ella se limitó a encubrirle? Él declaró justo lo contrario. El tribunal no tenía manera de comprobar quién mentía porque el cuerpo de la víctima lo quemaron, con lo cual ardieron todas las pruebas. Entonces no se complicaron, les condenaron a los dos por asesinato y a correr. Puede parecer una decisión hasta salomónica porque "algo habrán hecho"…si no te paras a pensar que entre una condena por homicidio y una por asesinato premeditado con agravante de parentesco puede ir la friolera de diez o quince años de cárcel. Vamos, que el margen de error y de injusticia no es moco de pavo.
A día de hoy, Rosa Peral sigue en la cárcel, sin haber salido ni un día de permiso porque sigue clamando su inocencia, mientras que Albert López ya ha salido varias veces, gracias a reconocer su responsabilidad en los hechos en una declaración que la abogada de Rosa, Núria González, ha pedido reiteradas veces poder conocer, por si abre la puerta a revisar la condena de su clienta. Hasta ahora se la han hurtado. No se la dejan ver.
Raro, ¿no? Como raro fue que en un juicio enormemente mediático, donde a falta de pruebas se acabó imponiendo la construcción de una auténtica leyenda negra sobre la acusada (Netflix incluida), pasara desapercibido que parte de esa leyenda negra venía de una pornovenganza sufrida por Rosa cuando un antiguo amante suyo despechado (también policía) difundió unos vídeos sexuales de ella. Y cuando Albert López y el exmarido de Rosa (un Mosso d'Esquadra…) aprovecharon esos vídeos para destruir su imagen. Y para obligarla de paso a renunciar a la patria potestad de sus hijas. Es decir: la pornovenganza contra Rosa Peral no sólo funcionó y quedó impune, sino que ayudó a caracterizarla como una viuda negra ante los medios de comunicación y el tribunal. Como decimos siempre Núria González y yo: Rosa Peral está en la cárcel no tanto porque se haya probado que es una asesina, sino porque se logró convencer a mucha gente de que es una puta.
No hay peor machismo que el que se ejerce con coartada progre, como hace o intenta hacer el ministro Marlaska. ¿Se imaginan una situación así con un ministro de derechas? ¿Dónde están las feministas ahora? Porque de misión especial en Irán o defendiendo a las mujeres del niqab o del burka obligatorio no parece.
