El corazón de Pedro Sánchez
Que los demás medios callen (de momento) es una señal inequívoca del control que ejerce Moncloa sobre ellos, de la capacidad de amedrentamiento de la maquinaria gubernativa
Tener una enfermedad cardiovascular no es ningún delito. Cientos de miles de personas viven en España con desfibriladores subcutáneos debido a haber sufrido infartos y al riesgo de muerte súbita. A otros tantos cientos de miles se les han instalado válvulas llamadas "stent" que evitan la oclusión de las arterias. Esas cosas empiezan a ocurrir cuando se supera el umbral de los cincuenta años y se deben a múltiples factores, desde la herencia genética al tabaquismo, del estilo de vida a la lotería de la vida y de la muerte, del estrés crónico a factores de riesgo como la mala alimentación y la ausencia o el exceso de ejercicio.
Rodearse de delincuentes, fomentar el delito, gobernar en contra de más de la mitad del país, entregarse a los golpistas y a los proetarras o tener trato diario con "elementas" como la portavoz de EH Bildu en el Congreso en principio no debería tener relación con la cardiopatía del presidente del Gobierno, pero todo suma en cuanto a la salud. Claro que también hay quien tras haber llevado una vida digna, limpia y diligente cae fulminado en medio de la calle a causa de un paro cardíaco fulminante.
La información de Libertad Digital firmada por Miguel Ángel Pérez sobre la salud cardiovascular de Pedro Sánchez ha causado tal impacto y revuelo que casi ningún medio parece dispuesto a hacerse eco de las cruciales novedades, pero no por prudencia sino por miedo. El supuesto desmentido en forma de "TikTok" de Pedro Sánchez practicando el ciclismo de montaña (aunque en ningún momento se le ve subido encima de bicicleta alguna) es un aval para la por otra parte consistente información de este periódico, que si por algo se caracteriza es por no publicar aquello de lo que no se tiene una certeza absoluta y está corroborado por más de una fuente.
Esa premisa, que antes era de obligado cumplimiento y ahora solo la siguen los medios serios, ha impedido que Libertad Digital fuera el primer diario en publicar no pocas informaciones políticas, económicas y sociales de grueso calado. Pero en el caso de Pedro Sánchez se han cumplido todos los requisitos del viejo periodismo, el contraste, la confirmación por diversas fuentes y la aportación de detalles clínicos tan precisos como incuestionables. Que los demás medios callen (de momento) es una señal inequívoca del control que ejerce Moncloa sobre ellos, de la capacidad de amedrentamiento de la maquinaria gubernativa y del deterioro de un oficio que declina amenazado por los gobiernos y la banalización de las redes sociales.
Sánchez no opera con los criterios de la nueva política. Lo hizo una vez, cuando comenzaron a salir informaciones sobre las actividades y negocios de su esposa. Fue aquel insólito retiro de cinco días del "hombre profundamente enamorado" capaz de desvelar sus sentimientos más íntimos, de abrirse en canal ante la opinión pública, de desnudarse sentimentalmente como si estuviera participando en una especie de Gran Hermano Vip para políticos.
Ahora, ha optado por difundir una estampa supuestamente atlética que vendría a demostrar que un hombre enfermo no podría hacer "enduro". Se supone que sus médicos le habrán explicado perfectamente todo lo que se puede hacer a pesar de tener una dolencia crónica en el corazón. Por ejemplo, un ejercicio físico moderado: andar, montar en bicicleta e incluso correr sin excesos y en función del estado físico previo a la detección del problema. Los deportes de contacto, en cambio, hay que practicarlos con suma prudencia. Incluso ese que están pensando algunos.
En la vieja política, los líderes se presentan como superhombres. He ahí ese canalla de Putin que muestra su torso montado a caballo o protagoniza performances practicando el judo. O ese Hugo Chávez, del que se llegó a negar, incluso una vez muerto, que estaba enfermo de cáncer, dolencia que reveló el magnífico periodista Emili Blasco en el Abc, que se desmintió por activa y por pasiva y le costó a su autor no pocos problemas profesionales y personales.
No pasa nada por estar enfermo. Es ley de vida. Nadie le va a pedir cuentas a Pedro Sánchez porque la patata se le haya gripado después de tantos años de tralla. Bienvenido al club. El problema es que tal vez el corazón no sea el principal problema de un presidente que gobierna como si no tuviera corazón.
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