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Recordando a Fernando Múgica en la Puerta del Sol

Vivimos en un mundo en el que a los principios se les llaman "líneas rojas" y perderlos consiste en algo tan sencillo como traspasar una línea.

Vivimos en un mundo en el que a los principios se les llaman "líneas rojas" y perderlos consiste en algo tan sencillo como traspasar una línea.
P.G.

Está empezando a convertirse en una sana costumbre que los actos en recuerdo de algunos dirigentes socialistas, organizados por sus compañeros o familiares, se pueden realizar gracias a la colaboración del Partido Popular, que dispone los medios necesarios para ello. Hace unos meses sucedió en el Senado y el pasado martes en la Real Casa de Correos, sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid. Y digo que es sana costumbre porque contribuir al homenaje de unos socialistas demuestra que pesa más, que es más fuerte el respeto hacia ellos que cualquier cálculo político. Porque revela una decidida voluntad de convivir en paz y libertad. Aquellos que así se han comportado -el presidente del Senado y la presidenta de la Comunidad de Madrid- parecen empeñados en derribar los muros que otros se afanan en levantar. Además es sana porque la paz y la libertad repercuten en la salud de los ciudadanos mucho más que cualquier dieta y, además, es gratuita. El responsable político que cree y trabaja por la convivencia merece ser reconocido como un benefactor de la salud pública y no es broma. Vean el mal rollo que destila el presidente del Gobierno. Y todo esto llama más la atención por cuanto los dirigentes a los que se ha homenajeado -Javier Lambán y Fernando Múgica, asesinado por ETA- resultan ser una especie de apestados para su partido -que es el PSOE, como ya se habrán percatado- y todo por haber cometido el pecado de defender y ser fieles a unos principios que creían justos.

El pasado 27 de noviembre, en el Antiguo Salón de Sesiones del Senado se recordó la memoria del senador Javier Lambán. La iniciativa surgió de un colectivo de socialistas denominado Fernando de los Ríos. La mayoría de sus miembros peinan canas y los que no, están en la clandestinidad para evitar ser fumigados por el DDT sanchista. El presidente del Senado, el popular Pedro Rollán, se dirigió a los presentes con palabras laudatorias hacia Lambán. Con discreción, Feijóo acompañó a la viuda y compartió con Felipe Gónzalez. Por supuesto no asistió nadie del Gobierno. Meses después, el ministro Oscar López le reprocharía al difunto haberse dedicado a criticar al PSOE: "por cierto, muchas veces con argumentos que eran de la derecha", haciéndole responsable del fracaso electoral del partido en las elecciones autonómicas de Aragón. ¿Qué interés, salvo el de mostrar respeto, pueden tener Rollán o Feijóo? Concordia frente al más puro sectarismo.

La presidenta Isabel Díaz Ayuso ha abierto las puertas de la Real Casa de Correos para que los familiares y compañeros de Fernando Múgica le recordemos en el 30 aniversario de su muerte. Dos asesinos de la banda terrorista ETA -Txapote y Lasarte- le dispararon por la espalda el 6 de febrero de 1996. Permítanme una reflexión. Estuve en el acto y escuche con atención las intervenciones. ¿Por qué el terror etarra se adjetiva como "fascista" o "nazi"? ETA no es fascista. Es una organización comunista y su terror tiene un origen político: el decreto "Sobre el Terror Rojo", que el 5 de septiembre de 1918 aprobó el Consejo de Comisarios del Pueblo de la Unión Soviética. Perdonen la digresión.

Entre el público había un grupo numeroso de chicos y chicas. Alumnos de los institutos de educación secundaria Las Musas y María de Molina. Les alegró que la presidenta los mencionara. Algunos estaban sentados delante de mí. Respetuosos durante todo el acto. Creo que sintieron el drama que describía el documental sobre la vida de Fernando Múgica y su familia. Judíos perseguidos en Polonia, en Alemania. Exterminados en Auschwitz. ETA mató a Múgica por socialista… ¿también por judío? "Eso no es vida. Eso no es vivir", se escucha en el documental a Claudia, la nieta de Fernando.

Oyendo a Isabel Díaz Ayuso, era la primera vez, me llamó la atención la naturalidad y, para mí, excesiva sencillez de sus argumentos. La mayoría éramos un público adulto, bregados en política. Entonces caí en la cuenta de que la presidenta no se dirigía a nosotros; lo hacía a esos jóvenes estudiantes de secundaria. Nosotros hemos vivido, algunos lo han sufrido, el terror etarra. Pero Ayuso quería que esos jóvenes comprendieran lo qué fue y entender lo qué es y por qué España, su gobernabilidad, no puede depender de los herederos políticos de una banda. Conocer y no olvidar. "Una Nación tiene la obligación moral de legar a las siguientes generaciones la verdad" afirmó.

Miren, si es necesario lo que la presidenta hizo con los estudiantes, no lo es menos el trabajo de la familia de Fernando Múgica y de esos socialistas del Círculo Fernando de los Rios empeñados en mantener vivo el recuerdo. Viéndolos, piensas: "Esta gente no pinta nada en el partido. Sánchez se ríe de ellos". Sí, seguramente es así. Pero ¿saben ustedes lo importante que es denunciar la miseria moral de los que no tienen escrúpulos en pactar con los asesinos de tus compañeros? Luchar para que no se olvide. Luchar para denunciar a aquellos que quieren que olvidemos.

Vivimos en un mundo en el que a los principios se les llaman "líneas rojas" y perderlos consiste en algo tan sencillo como traspasar una línea. En la Puerta del Sol unos jóvenes estudiantes no solo oyeron, sintieron, cómo la familia de Fernando Múgica, la presidenta Ayuso y un grupo de veteranos socialistas, que se aferran a sus principios, les advertían por qué no se puede perdonar a quien no lo pide. Y los etarras no lo han hecho. Que "olvidar a los muertos sería como matarlos una segunda vez" y que nuestra convivencia no puede depender de los separatistas y los herederos de ETA. En memoria de Fernando Múgica y de todas las víctimas del terrorismo.

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