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Gibraltar se hace sanchista

A ver si PP y Vox espabilan y emprenden una eficaz campaña en el Parlamento Europeo para que el tratado no sea ratificado.

A ver si PP y Vox espabilan y emprenden una eficaz campaña en el Parlamento Europeo para que el tratado no sea ratificado.
La frontera entre España y el Peñón de Gibraltar | Europa Press

Por fin se ha publicado lo que ha acordado Albares para Gibraltar. Para poder comprar los votos de quienes van a trabajar todos los días al Peñón (15.000 españoles) y los de sus familias, el Gobierno ha estado dispuesto a firmar lo que fuera. Sin embargo, con ser el contenido del acuerdo malo para nuestros intereses como nación, lo peor con diferencia no es lo que se ha pactado en él. Lo terrible, lo increíble, lo alucinante es que el convenio sea un acuerdo entre el Reino Unido de la Gran Bretaña y la Unión Europea en el que España no es parte. Hasta Gibraltar lo es. Pero nosotros, no. Podemos creer que fue la pérfida Albión la que insistió en dejarnos fuera, pero seguro que ha sido Albares el que no ha querido que España tenga que firmar para que sea innecesaria la ratificación del Congreso de los Diputados y no dar ocasión a que el Gobierno pierda otra votación. Y encima que el tratado no pueda entrar en vigor, con lo mucho que interesa que lo haga, no solo a los trabajadores españoles, sino también a las empresas que desde allí nos colonizan y a los narcos y delincuentes de toda laya que van a la roca a blanquear su dinero.

Y con ser grave que se prive a nuestro Parlamento del derecho a ratificar un tratado que en tanto nos afecta, lo trascendental es que, al no ser parte, no podremos en el futuro denunciar el acuerdo si Gibraltar, por ejemplo, no cumple su compromiso de converger impositiva y fiscalmente con la Unión Europea, que da risa solo de oírlo. Tendrá que ser Bruselas la que lo haga, si es que la Comisión que haya en ese momento quiere. Y, cuando haya que reformar, modificar o revisar el tratado, España solo podrá intervenir en las negociaciones gracias a la buena voluntad de la Comisión. Hoy contamos con ella, pero ¿la tendremos también en el futuro? ¿Hasta cuándo? ¿Y si el Reino Unido se niega a negociar nada de un tratado con quien no es parte de él? Entonces, por buena voluntad que ponga la Comisión, nos quedaremos inevitablemente fuera. Y serán ellos solos, con la participación de los llanitos, los que decidan el futuro de la colonia.

Es lo que siempre pasa con Sánchez. Por un lado, vela exclusivamente por los intereses concretos de algunos españoles, para comprarles el voto, despreciando el interés general porque cree que nadie vota en consideración a él, sino solo pensando en el propio: los ricos a quienes les bajan los impuestos, los empresarios a los que mantienen bajo el Salario Mínimo, los jubilados a quienes le incrementan la pensión y los funcionarios a quienes les suben el sueldo. Por otro, con tal de librarse de un mal instante, es capaz de vender a su madre o, como en este caso, a cambio de evitar la posibilidad de una derrota parlamentaria, no le importa dar lugar a que España no pinche ni corte en el futuro de Gibraltar. A ver si PP y Vox espabilan y emprenden una eficaz campaña en el Parlamento Europeo para que el tratado no sea ratificado.

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