
No me refiero, claro, a sus creencias religiosas. Me refiero a su estrategia militar, si es que son ellos los que dirigen realmente la guerra que Irán ha preparado desde hace décadas - ¿ a qué si no el obsesivo desarrollo de un arma nuclear y su apoyo al terrorismo islámico? -, que ahora ha estallado de forma inesperada para ellos. Parecen no haber imaginado que podría desencadenarse un ataque coordinado Israel-Estados Unidos (con parte de la Europa occidental al fondo) y que Rusia y China iban a guardar tan prolongado y espeso silencio.
La más antigua de las reflexiones sobre la guerra, la del general Sun-Tzu, advierte: "Si las tropas enemigas se hallan bien preparadas tras una reorganización, intenta desordenarlas. Si están unidas, siembra la disensión entre sus filas. Ataca al enemigo cuando no está preparado, y aparece cuando no te espera. Estas son las claves de la victoria para el estratega." Maquiavelo señalaba el peligro que encierra crear incomodidades a quienes pueden volverse enemigos. Karl von Clausewitz insistió en cómo decrece la fuerza militar si los posibles aliados se pasan al bando enemigo. El mismo Corán avisa contra el maltrato a los posibles aliados en una conflagración armada.
Por eso, no se esperaba nadie la aparición inesperada de lo incomprensible en esta guerra de la mano absurda de los ayatolás o de quiénes mecen su cuna en esta guerra. ¿Qué es lo incomprensible? Sencillamente que haya atacado los territorios de numerosos países de creencia musulmana que, si bien nunca serían sus aliados, podrían no haber sido sus enemigos.
Desde el atentado de 2023 en territorio israelí perpetrado por su brazo armado de Hamás – para todo el mundo un ataque iraní contra Israel -, Irán ha atacado a otros países de religión musulmana. En 2004, arremetió con misiles contra el territorio de Irak intentando dañar al Mossad. Luego bombardeó la frontera con Pakistán y después atacó Siria.
Tras el bombardeo del 28 de febrero pasado, y para mí, de forma ininteligible, Irán ha agredido con misiles y drones a numerosos países musulmanes de sus fronteras circundantes como Arabia Saudita, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Omán, y Kuwait. Ni siquiera Jordania, de nuevo Irak, Azerbaiyán o Turquía se han librado de incidentes o accidentes provocados por Irán, sin contar con otros perpetrados por sus aliados en Yemen o Líbano.
Resulta aún más incomprensible cuando se considera que la rama chiita del Islam, la impuesta en Irán desde 1979 y enfrentada a la versión sunnita, es evidentemente minoritaria. Sin embargo, los ataques del ejército de los ayatolás han sido dirigidos contra países de obediencia sunnita, sus tradicionales enemigos religiosos dentro del Islam. De hecho, la proporción de chiitas sólo alcanza un 15 por ciento de musulmanes frente al 85 por ciento de los sunnitas.
Mientras Estados Unidos e Israel han ido trenzando una tupida red de alianzas con los sunnitas en los Acuerdos de Abraham, que comprenden desde Marruecos – otro gran silencioso en este conflicto -, a Emiratos Árabes Unidos, con Egipto y Arabia Saudita en la sombra, los ayatolás, o quienes realmente dirigen la guerra a sus órdenes, no han parado de irrumpir en todos esos territorios con armas de combate. Han limitado sus ataques a intereses norteamericanos directos pero han tenido que hacerlo en sus territorios invitando a sus gobiernos a alejarse todavía más de Irán.
Desde el punto de vista estrictamente militar, no es razonable ni estratégicamente adecuado, salvo locura sobrevenida o histeria provocada por un miedo insuperable, animar a todos los vecinos musulmanes, con los que tienen muchas creencias en común, a decantarse por su cooperación real, secreta o no, con Estados Unidos e Israel, que es lo que están consiguiendo los ayatolás en un tutorial sobre cómo quedarse sin amigos, o al menos, sin cautelosos neutrales, en menos de dos semanas.
¿Cabe ya otra salida al conflicto que no pase por la caída definitiva del régimen teocrático de Irán bajo fórmulas de suicidio sangriento o de intervención militar quirúrgica desde dentro para salvar algunos muebles estratégicos? Es de ingenuos simplistas creer que son la democracia y la restauración de las libertades en Irán lo que se busca con esta guerra, pero no cabe duda alguna de que es la segunda tiranía sangrienta, tras la venezolana, la que se ve sacudida en menos de un año. Al menos, es un consuelo.
Los ayatolás, y sus militares, se han vuelto locos, cierto. Ya dicen que van a seguir atacando a países sunnitas como que van a dejar de hacerlo, sumidos en contradicciones presidenciales y de su Consejo Militar. Igualmente sobrecogedor es la demencia senil de una Unión Europea sin aparato propio de defensa común descuartizada por políticas exteriores enfrentadas y originadas en miopías nacionales partidistas que oscilan entre los falsos pacifistas, los funambulistas habituales del sí pero no y los incondicionales aliados de Estados Unidos e Israel.
Lo del gobierno de Pedro Sánchez no es una locura de remate, aunque lo parezca. Sus socios andan gritando "Yankees, go home" (que no gritaron cuando Obama mandó asesinar a Bin Laden), mientras él desprecia otra vez a la democracia y al Parlamento, habla de paz mientras oculta ayuda militar a la OTAN anti iraní y se carga la política exterior nacional, otra vez, por intereses personales de mantenimiento en el poder. Es locura calculada para sobrevivir a costa de todos los españoles.
Sí, los ayatolás se han vuelto locos pero aquí hay pocos cuerdos. ¿Quién iba a imaginar que los social-comunistas españoles, separatistas o no, ampararían el burka, la sumisión femenina (¿libertad?) y la condena de la homosexualidad en vísperas de otro adulterado 8 de marzo? Seguramente los únicos que quedan con la cabeza en su sitio son los que saben lo que de verdad está pasando y por qué está pasando. Confieso que no estoy entre estos privilegiados ni entre esos tan listos que parecen que lo saben todo.
