La vicepresidenta primera de la Transición Ecológica, Teresa Ribera, se ha ausentado del pleno celebrado este martes en Estrasburgo en torno al nuevo Plan de Energía de la Comisión Europea. Ni que decir tiene que esta espantada de esta importantísima reunión en un asunto de su máxima competencia no se debe a motivos de agenda, ni siquiera al aislamiento que padece nuestro país en cuestiones que tienen que ver con la Defensa dada la postura adoptada por el Gobierno de Pedro Sánchez de ir al choque con EEUU por la guerra de Irán. La ausencia se entiende, más bien, por la cada vez más clamorosa soledad en la que ha quedado nuestro gobierno en Europa con su persistente, retrógrada y empobrecedora hostilidad a la energía nuclear, por no hablar del escándalo de corrupción en la que está implicada como responsable político la propia Ribera relacionado con la autorización de proyectos de energías renovables bajo su mandato como ministra para la transición ecológica.
Basta escuchar las declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la cumbre sobre energía nuclear celebrada en París, también este martes, para darse cuenta de lo desubicada que está Ribera en su lucha contra corriente contra la energía nuclear. Y es que la presidenta de la Comisión Europea, no sólo ha reafirmado el compromiso de la UE en el desarrollo de nuevas tecnologías como los minirreactores nucleares, sino que ha afirmado, categóricamente, y con casi con las mismas palabras con las que lo reconociera en su día el claudicante canciller alemán, Friedrich Merz, que "fue un error estratégico que Europa diera la espalda a una fuente de energía fiable, asequible y baja en emisiones", un inequívoco mensaje de respaldo a este tipo de energía. Es más. La presidente de la Comisión Europea ha señalado que "Europa fue pionera en la tecnología nuclear y podría volver a liderar el mundo en este campo. Los reactores nucleares de nueva generación podrían convertirse en una exportación europea de alta tecnología y alto valor añadido". En este sentido, la alemana ha mencionado el nuevo plan estratégico europeo que incluirá entre otras medidas una garantía de 200 millones de euros para movilizar inversión privada en "tecnologías nucleares innovadoras" que será financiada con ingresos del sistema europeo de comercio de emisiones.
Teniendo, pues, presente que casi toda Europa parece decidida a enmendar errores pasados y a liderar la producción de energía nuclear, lo que no se entiende, no es ya que Ribera -fiel exponente de aquel apocalíptico y necio eslogan del pasado siglo del "Nuclear, no gracias", se ausente del pleno de Estasbrurgo, sino su propia continuidad como vicepresidenta y supuesta máxima autoridad de la Comisión para asuntos ecológicos, energéticos y de competitividad.
Más aun cuando sobre ella recaen, además, las responsabilidades políticas de un gravísimo caso de corrupción, que el PP ha llevado ya a la Comisión Europea, como es el relacionado con la autorización de proyectos de energías renovables durante su etapa al frente del Ministerio de Transición Ecológica que han provocado ya las detenciones del presidente de Forestalia y de un ex alto cargo de la ex ministra.
Harían bien, sin embargo, el PP y Vox en denunciar mucho más, y aquí en España, tanto la empobrecedora y aislada oposición de nuestro gobierno a la energía nuclear como esta trama de corrupción entorno a las renovables. Porque ni una cosa ni otra merece zanjarse con la mera ausencia de Ribera en un pleno en Estrasburgo, sino con su dimisión como vicepresidenta primera de la Comisión Europea, cargo al que, para colmo, huyó tras su negligente -y políticamente impune- gestión de la Dana.

