Sánchez suda la camiseta
En la era de las migraciones masivas, crear empleos y reducir el paro son conceptos que poco tienen que ver el uno con el otro.
Yo venía hoy dispuesto a vender mi libro Contra el libre comercio, que ya está disponible en Amazon, y el presidente Pedro Sánchez me ha dado la excusa perfecta con eso de imitar a Torrente, embutiéndose en la camiseta de la selección nacional de fútbol a fin de celebrar que, entre las 38 naciones desarrolladas del mundo que forman parte de la OCDE, España ya posee el gran honor de ocupar el puesto 37, o sea el penúltimo por la cola, en cuanto a nivel de empleo. Dicho de otro modo, Sánchez posa como si la Roja hubiese ganado otro Mundial para constatar que, como siempre, seguimos siendo la parte del planeta Tierra donde existen semáforos y carreteras asfaltadas con la tasa de paro más estratosférica (sólo por delante de ese país liliputiense que responde por Finlandia).
Y es que una de las cuestiones que trato en Contra el libre comercio remite precisamente a esa definitiva paradoja tan contemporánea, la del divorcio entre la creación de empleo y la disminución del paro, dos conceptos que habían resultado sinónimos durante el siglo XIX y el XX. Así, España es hoy la gran economía que más empleo crea –en términos relativos– entre todas las de la OCDE. España resulta ser igualmente el país grande que más crece –y en términos absolutos– entre todos los que se agrupan en la OCDE. Y como ya se ha dicho, todo eso no impide en absoluto que España continúe ocupando el farolillo rojo del empleo en el seno de la OCDE.
Porque, aquí y ahora, en la nueva era de las migraciones intercontinentales masivas, crear empleos y reducir el desempleo son conceptos que muy poco o nada tienen que ver el uno con el otro. Importar jornaleros agrícolas del Magreb y exportar médicos e ingenieros informáticos al Reino Unido y Alemania, ese negocio de las cabras que Sánchez / Torrente festeja con la camiseta nacional, es una manera como otra cualquiera de destruir, y acaso para siempre, el futuro económico de un país. El único problema es que ese país resulta que es el nuestro.
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