El pajarito de Deng Xiaoping
China es ahora una economía prodigiosamente eficiente, ya la más eficiente del planeta, cuyo fundamento último radica en la arbitrariedad administrativa más absoluta y en la corrupción institucionalizada.
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y Pedro Sánchez por la Ciudad Prohibida de Pekín, me gustaría volver a traer a colación hoy una historieta que contaba el comunista más inteligente que hubo en el siglo XX —aunque más de uno barrunta que el camarada Deng Xiaoping encarnó en realidad al anticomunista más brillante de todos los tiempos—. De Deng se acostumbra a recordar lo de aquellos dos gatos, el blanco y el negro, pero no se suele conocer tanto su metáfora político-económica favorita: la de la jaula del pajarito. Y es que a los chinos, que siempre han ejercido mucho más de confucianos que de marxistas, les gusta eso de expresar su pensamiento profundo con imágenes; no siempre poéticas, por cierto.
Así, el supremo hacedor de la gran transición desde el comunismo de Estado —lo de cuando Mao— al capitalismo de Estado —lo de después de Mao— apelaba a la analogía con el tamaño de una jaula a fin de explicar la fórmula que permitiría al Partido Comunista seguir ejerciendo el monopolio del poder político sobre el Imperio del Centro, pero con una economía que produjese algo más que hambre y miseria para su población. La intuición genial de Deng fue que una economía moderna puede crecer y devenir en extremo eficiente no sólo sin democracia política ni libertades civiles, sino careciendo incluso de algo mínimamente parecido a la seguridad jurídica. Y acertó de lleno, por cierto.
Al fin y al cabo, China es ahora una economía prodigiosamente eficiente, ya la más eficiente del planeta, cuyo fundamento último radica en la arbitrariedad administrativa más absoluta y en la corrupción institucionalizada. Y la clave de todo, decíamos, pasa por la jaula del pajarito. Porque si esa jaula donde el Partido deja revolotear al pajarito capitalista resulta ser demasiado pequeña, el pajarito se muere. Pero si fuera demasiado grande, el pajarito querría volar por libre, a su aire. Por tanto, concluyó Deng, había que medirla muy, muy bien. Ni muy grande ni muy pequeña. Moraleja: la eficiencia económica y la libertad no son en absoluto sinónimos.
Lo más popular
-
Otro año negro para los cines españoles: sin público y pidiendo vivir de la subvención -
Los datos de Mónica García coronan a Madrid líder por cuarto año: es la autonomía con menor tiempo de espera para una operación -
Huelga indefinida en Extranjería contra el caos de la regularización masiva -
Pezeshkian entró en pánico cuando la delegación iraní volvió con las manos vacías: "Necesito dinero" -
Rubio acaba con la vida de privilegio de la familia de la portavoz del régimen iraní 'María la Gritona' en EEUU
Ver los comentarios Ocultar los comentarios