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Agapito Maestre

El pulso de la radio

¡Cuánta filosofía ha aprendido este periodista en su lucha por la existencia!

Agapito Maestre
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¡Cuánta filosofía ha aprendido este periodista en su lucha por la existencia!

Mil maneras existen de encarar esta tragedia y otras mil de expresarla. Mas, en el fondo, tanto da lo que nos esté pasando o ya nos haya pasado, si no sabemos sacarle provecho. Lo decisivo es que, sea lo que sea, sepamos darle sentido para aquí y ahora. Es algo que sabe bien mi amigo Dieter Brandau. ¡Cuánta filosofía ha aprendido este periodista en su lucha por la existencia! No pasa un día en su programa sin que deje de recordarnos, sí, cuántas cosas buenas podemos aprender de esta tragedia. Vuelve y vuelve al núcleo de las ruinas para enseñarnos su otra cara. Vuelve y vuelve para decirnos que las ruinas ocultan el rejuvenecimiento. Vuelve y vuelve para revolver con alegría nuestras conciencias. No hay morbo jamás en su vuelta, sino una sencilla lección de filosofía racio-vitalista. Pareciera que sus palabras llevan adentro el dictum de Ortega: una humanidad sin catástrofes caería en la indolencia, perdería todo su poder creador.

El socrático Dieter vuelve de verdad al centro de nuestra derrota, desgracia y quiebra, poniendo por encima de todo corazón. Eso es exactamente el re-cuerdo. Vuelta con el corazón a la calamidades para aprender de ellas. Razones, ay, del corazón que la razón no entiende, pero existen. Y los españoles, tan hechos en su historia a la desesperación, extraemos de ella una cierta serenidad o empuje vital que nos libera de estados de ánimo traumáticos. No nos solazamos en la tragedia ni en la tristeza. Lección cervantina imparte todos los días este periodista madrileño: "Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias". Eso es lo que hallo todos los días en las filípicas de Dieter, a veces cuestionadas con cariño por un servidor. Eso y mirada limpia.

Sus decálogos al comienzo de su programa son una inyección de algo más sutil que el optimismo. Son una enciclopedia de sabiduría aprendida en las fuentes de Heráclito. Son un compendio de arte radiofónico para que disfrutemos de una sencilla verdad: la permanencia no es la sustancia del ser humano. Más aún, lo mejor está por llegar, porque todo está dominado por el cambio. Moverse es la sustancia del hombre. Cervantes siempre auxilia a Dieter: "Sábete Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca". En fin, cuanto más inteligente sea el analista de esta pandemia del coronavirus, más y mejores consejos, advertencias vitales y lecciones extraerá para orientarse en un mundo "que suena a vidrio quebrado" (Lope de Vega).

Pero, cuidado, no caigamos en el exceso de mirarnos demasiado a nosotros mismos. Reparemos en lo que pasa más allá de nuestras fronteras. Esta crisis es planetaria, pero la solución es, otra vez, nacional. Bolingbroke tiene hoy más razón que cuando, en 1730, le dijo a su amigo Swift: "Una corrupción nacional sólo puede curarse mediante calamidades nacionales". Esto es una calamidad nacional. Una catástrofe. ¿Dónde mirar para salir de ella? A todas partes, especialmente allí donde la han atajado con más inteligencia. ¿Cómo no mirar a China? Su índice de mortalidad por el coronavirus es algo más de un habitante por millón. Aún es mejor el índice de Grecia: 11 millones de habitantes y sólo 13 fallecidos. El caso del país heleno es para analizarlo en la tertulia de Dieter Brandau, porque él mejor que yo sabrá sacar sabias conclusiones. Solo les dejo un dato para la reflexión: el primer ministro, Kyriacos Mitsokakis, ha seguido al pee de la letra todos los consejos de uno de los científicos más importantes de Grecia: el epidemiólogo Sotiris Tsiodras. Sotiris es la persona que, desde finales de febrero, informa a los griegos, todos lo días a las 6 de la tarde, sobre qué es y cómo se combate el C-19. Todos los días aparece este hombre en la pantalla con un aspecto distinguido, atlético y rostro cansado. Lleva en su elegante traje gris una marca con la inscripción "Quédate en casa". Este hombre de cabello gris, gafas ovaladas y voz suave es el nuevo héroe de Grecia. Lo único que comparte con el ministro de Sanidad de España es el nombre. Sotiris en español significa ‘Salvador’.

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