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Agapito Maestre

'Nueve Sevillas'

Me relamo ya por ver 'Nueve Sevillas'. Me conformaría con un poco de arte del que tienen las dos primeras películas de Gonzalo.

Agapito Maestre
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Iba a escribir sobre la torpeza de un muchachote de Cuenca, residente en Sevilla, que ha detenido un manifiesto de hombres libres contra el totalitarismo y a favor de la democracia. Se trataba de un sencillo texto, firmado por iniciativa de 19 personas sin otro carnet político que la defensa de la libertad y la democracia. El documento se expresaba no tanto a favor del ideario de Vox como contra el proceso de estigmatización, a todas luces totalitario, que sufre esta formación política. Pero no merece la pena perder el tiempo con medios días, cuando podemos disfrutar de días enteros. De todos modos, si este pasmao, o cualquier otro enterao de este partido, quiere algo de mí, podrá encontrarme en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Asistiré al estreno de Nueve Sevillas, película del gran Gonzalo García Pelayo, que cuenta con la colaboración de Pedro G. Romero, polifacético artista y uno de los grandes sabios del mundo del flamenco.

Como imagino que este listillo de la nueva política, residente desde hace poco tiempo en Sevilla, que ha osado poner en cuestión la fortaleza civil de 19 personas libres no conoce a Gonzalo García Pelayo, le aconsejo que le pregunte a su jefe. Sí, pregúntele a Santiago Abascal y le dará pelos y señales sobre el personaje, y además le dirá, de paso, el vínculo entre su entrenador de gimnasia y el cineasta. Por mi parte, y sin ánimo de desasnar a nadie, le diría que vea las dos primeras películas de Gonzalo García Pelayo para que se ubique en la ciudad del Betis. Son dos grandes obras de arte vinculadas a Sevilla. La primera se llama Manuela, descubrió nada más y nada menos que a la actriz Charo López, y la segunda titulada Vivir en Sevilla, considerada una de las 900 mejores películas de la historia del cine.

Manuela, basada en la gran novela del mismo título de Manuel Halcón, se nutre del pasado clásico para mejorarlo a través del candor de lo barroco. El barroco andaluz, especialmente el sevillano, no es despreciado sino aceptado críticamente. Arrincona sus afeites innecesarios y exalta aquello que nos pone directamente ante la naturalidad de la pobreza, la riqueza y el erotismo. El abordaje que lleva a cabo de cada uno de ellos no puede ser más clásico: pobreza, riqueza y erotismo son descritos, en realidad estudiados, en esta película con pasión mística y mítica. Esos tres motivos clave de la condición humana en todos los tiempos son irreductibles en Manuela a otros más universales. O sea son tratados con originalidad. También las dos caras de lo eterno femenino, la dignidad y la frivolidad, son mostradas con originalidad, talento y respeto hacia la mujer.

Para más de un libro de cuentos y ensayos, de filosofía parmenídea, da Vivir en Sevilla. Es obra mayor susceptible de mil despliegues. David Obarrio, perspicaz e inteligente crítico de cine, ha esculpido en su blog de mármol una excelente síntesis. Valga de estímulo para que usted, querido lector, vuelva a verla:

Vivir en Sevilla (1978) es piedra de toque de una modernidad extravagante en el cine español. La película es un portentoso despliegue de capas narrativas y recursos de estilo. El director madrileño filma en su propio paraíso, escudriñando la historia reciente de la ciudad de Sevilla y también de su presente en aquel fin de década. Cada recoveco es una historia; cada tañido de voz trae el eco de un recuerdo, un sueño perdido o un fantasma. Cada plano de la película recuerda la capacidad del cine que importa para asumir sin argucias ni dilaciones un viejo mandato: abarcarlo todo sin terminar nunca de decirlo todo. Jugar en el mar de las historias para perder algunas, tomar unas cuantas y sugerirlas todas.

Me relamo ya por ver Nueve Sevillas. Me conformaría con un poco de arte del que tienen las dos primeras películas de Gonzalo. Y lo dicho, chaval voxero: si tienes lo que hay que tener, búscame a la salida del estreno de Nueve Sevillas en el Lope de Vega. Escucharé tus explicaciones.

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