
El Parlamento español aún tiene vida. La sesión del Congreso de los Diputados del jueves pasado es la prueba. Todas las intervenciones pasarán a la historia de España. Las pérfidas del Gobierno serán presentadas por los futuros historiadores como ejemplos de cinismo criminal; no puede presentarse de otro modo la respuesta del Gobierno, dada por boca de Félix Bolaños, de la moción parlamentaria, ganada por 178 parlamentarios, que considera oportuno plantear una cuestión de confianza si Sánchez no convoca elecciones generales. Cinismo criminal contiene lo expresado por el ministro de la Presidencia, Justicia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática: "Esa moción es puramente simbólica, con un efecto político nulo". Por el contrario, los argumentos de la Oposición serán vistos como los grandes intentos por salvar una institución, el Parlamento, que no ha conseguido colonizar por entero Sánchez.
Quizá el discurso de la portavoz parlamentaria de VOX, Pepa Millán, sintetice la crítica más acertada de toda la Oposición al Gobierno de España. Es una pieza política de orden universal para descubrir quiénes son los principales colaboradores de Sánchez para convertir la estructura gubernamental de nuestro país en una organización criminal. Un infierno. La cita final de su intervención refleja toda la sabiduría contenida en un discurso, sencillamente, genial para quienes estudien Ciencia Política con la intención de analizar qué está pasando en España. Esto es, sí, un Infierno, como dijera Dante, "lleno de cobardes que vieron el mal y se lavaron las manos".
Grave error es despreciar el símbolo. Es tanto como pisotear un concepto. El símbolo es el santo y seña de vida política. Se equivocan quienes creen que no tiene repercusión práctica, útil, la votación del jueves que exige a Sánchez una prueba parlamentaria para seguir en el poder. Se equivocan gravemente quienes consideran que la votación del jueves sólo tiene un valor, dicen ellos, meramente simbólico, porque Sánchez no se someterá a una moción de confianza y tampoco dimitirá. Se equivocan, en mi opinión, porque esa votación ya ha conseguido revelar no sólo la catadura moral de Sánchez y su partido, sino dar una prueba, quizá clave, para justificar la crítica de Pepa Millán: el presidente del Gobierno es el cabecilla de la trama que ha convertido "la estructura gubernamental en una organización criminal".
Y se equivocan también todos aquellos, empezando por los socialistas y conservadores a los que se les llena la boca a favor del Estado manager –el Estado social–, que minimizan el rol que desempeñan los Parlamentos en la vida democrática, reduciéndolos a tareas vicarias de bajo perfil legitimador de lo aprobado y ejecutado por los gobiernos. Quienes critican a los Parlamentos, entre ellos los que reducen sus funciones a tareas "simbólicas" sin importancia, deberían decirnos de modo claro y preciso qué otra institución mejor podría sustituir al Parlamento. Si no existiese la terrible inmoralidad ambiental que denuncia la señora Millán, serían absolutamente intolerables las críticas que se dirigen al Parlamento español por no tener efectos prácticos. Falso.
Los resultados están ahí delante de nosotros. ¿O acaso lo sucedido el jueves no es una resurrección de una de las funciones más importantes del Parlamento: ejercer la crítica de la política del Gobierno? ¿Acaso la sesión parlamentaria de la que se carcajeaba el jefe del Ejecutivo no ha orientado con exactitud el principal objetivo de la sociedad española: la mayoría de los españoles quiere la expulsión de Sánchez del poder? ¿Acaso esa votación no ha retratado con fidelidad las contradicciones y traiciones de los partidos políticos que apoyan al Gobierno?
Lo sucedido la semana pasada en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo fue grandioso. Asistimos al acontecimiento más importante de la democracia: se probó con solvencia que sin publicidad los actos gubernamentales carecen de valor. El Parlamento español, sí, es el único que puede garantizar la publicidad de los actos gubernamentales. Dejó al descubierto las vergüenzas de las oligarquías políticas y sus tecnocracias auxiliares. El secreto de la acción del Gobierno de Sánchez quedó a la vista de todos: ha convertido la estructura gubernamental en una organización criminal. No se puede pedir más eficacia de un Parlamento.
