Menú

La Justicia funciona

Por lo tanto, no caigamos en la desesperación y el derrotismo. Las condenas de Ábalos, Koldo y Aldama repercuten directamente en el Presidente.

Por lo tanto, no caigamos en la desesperación y el derrotismo. Las condenas de Ábalos, Koldo y Aldama repercuten directamente en el Presidente.
José Luis Ábalos en el banquillo de los acusado en el primer día del juicio en el Tribunal Supremo. | EFE/ J.J. Guillén

Ayer brindaba con un par de amigos por la sentencia del Tribunal Supremo contra tres delincuentes. Hoy lamento la interrogación de Sánchez: "¿Cómo no vamos a continuar?". Mañana nadie sabe qué pasará, salvo que iremos a peor. El tirano no sólo resiste, sino que trata de organizar, según han dicho los de VOX y el PP, la delincuencia desde el Ejecutivo, el Legislativo y, por supuesto, contando con todos los organismos del Estado que están colonizados a su servicio. ¿Qué se puede hacer? Paciencia, aconsejaba Teresa de Jesús. Aguante, mientras leemos y releemos la sentencia del Tribunal Supremo. Mucho podemos aprender de ese texto. Todos los argumentos apuntan hacia arriba. Creo que ha llegado ya a todos los ámbitos de la sociedad, incluso ha calado en el corazó{n de sectores dignos de la izquierda, que el responsable máximo de la trama delincuencial pudiera ser el PSOE con su secretario general a la cabeza.

Por lo tanto, no caigamos en la desesperación y el derrotismo. Las condenas de Ábalos, Koldo y Aldama repercuten directamente en el jefe del Gobierno y secretario general del PSOE. Porque la gravedad de esa afirmación a todos nos interpela, mueve nuestras conciencias e invita a la acción, debemos estudiar con seriedad esa sentencia. No debemos nunca olvidar, como insisten los magistrados del Supremo, que se estaba juzgando ni más ni menos que al número dos de Sánchez, ministro de Transportes y secretario de organización del PSOE. Ábalos, sí, condenado a 24 años de cárcel, exactamente los mismos que pedía la Fiscalía, era "una autoridad de especial relevancia estatal". Era ni más ni menos que el número dos. ¿Cómo no iba a saber el número uno lo que hacía el dos? Por eso, seguramente, Sánchez comenzó su actuación, en la sesión del miércoles en el Congreso de los Diputados, diciendo que él es inocente para recalcar a renglón seguido: "Ni yo ni mi partido" tenemos que ver nada con esas condenas. Dos negaciones, sí, son siempre una afirmación.

Pocas personas decentes dudan de que el jefe de todas las tramas corruptas pudiera ser Sánchez. Su actuación en el Congreso para defenderse de lo que ya nadie duda, su responsabilidad en la organización delictiva, está avalada por su retórico y cínico interrogante: "¿Cómo no vamos a continuar?". No se va, no se puede ir, porque, seguramente, de modo inmediato caería el peso de la ley sobre él. Quizá podría demostrarse con sencillez, o sea, con las pruebas que aporten Aldama y otros imputados en los procesos judiciales abiertos contra sus colaboradores y familiares, que Sánchez está detrás de todo. Exactamente eso es lo que han demostrado con solvencia los discursos de Feijóo y Abascal en respuesta a las falacias de Sánchez. Feijóo: "Su gobierno es corrupto, se lo digo sin 'presunto', porque hay condena firme". Abascal ha relatado y denunciado todos los casos de corrupción, y ha dado un paso más: "Pedro Sánchez está actuando para robar las próximas elecciones en España. La trama está diseñada para alterar el resultado de las próximas elecciones".

La Justicia, por un lado, y la oposición por otro, tienen acorralado a Sánchez. Pero él aguanta. ¿Cuánto, cómo y hasta dónde aguantará? Nadie lo sabe. He ahí la mejor definición del régimen tiránico que Sánchez trata de imponer en España. Al aprendiz de tirano parece no afectarle nada. Pero creo que esta sentencia, como aquella que condenó al anterior fiscal general del Estado, le toca directamente. En resolución, aún queda en España Estado de Derecho, o mejor dicho, el Estado de Derecho no sólo resiste, sino que se construye día a día. No es algo acabado sino que está siempre en construcción. Es una institución que, entre otros, construyen diariamente los jueces y los fiscales. El Estado de Derecho necesita de hombres con inteligencia y coraje. Eso es lo que han demostrado los siete magistrados del Supremo. ¿Cómo no alegrarse? En una reunión privada, un gran juez ya jubilado, penalista serio y riguroso, nos preguntaba a un grupo de amigos: "¿Se hubieran atrevido esos magistrados a dictar la sentencia contra Ábalos, Koldo y Aldama, si hubieran tenido que actuar solos, individualmente, sin el apoyo de sus compañeros?". Sí, respondí al instante. Sus biografías avalan sus criterios de independencia. Creen en la justicia. No sé, como dicen ellos en su argot, si son o no jueces de pata negra, pero creo que son tan honorables y valientes como el juez Peinado, quien sólo ante el peligro, incluidos los generados por la prensa y algunos de sus compañeros, ha llevado a cabo una instrucción tan razonable como defendible. Vivan, pues, todos los jueces que construyen el Estado de Derecho para defendernos de los regímenes tiránicos.

Temas

En España

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Inversión
    • Securitas