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EMPRESA Y MORAL

El problema de la "ética empresarial"

En las recriminaciones sobre la responsabilidad de haber causado la crisis financiera del 2008, los líderes empresariales siguen en el punto de mira, pero un análisis objetivo nos indica que los políticos y directivos de los bancos centrales tuvieron tanta o más culpa de lo sucedido.

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Pese a ello, la crisis ha provocado preguntas sobre la prevalente moral empresarial y la formación ética recibida. Como sagazmente lo describió el profesor Michael Jacobs, en el Wall Street Journal: "Al tratar de comprender por qué nuestra economía tiene tantos problemas, más dedos apuntan a las instituciones académicas que educaron a quienes nos condujeron a este lío. ¿Qué dejaron de enseñarles las escuelas de negocios a nuestros líderes empresariales y políticos?.. ¿Habría actuado de manera diferente Bernie Madoff si hubiese sobresalido en su examen de ética?"

En las escuelas de negocios no ha habido escasez de cursos sobre ética, pero mientras gocemos de libre albedrío, ningún entrenamiento puede garantizar que ejecutivos empresariales dejen de actuar imprudentemente o que tomen decisiones equivocadas. Pero la cantidad de malas decisiones y, en algunos casos, la inmoralidad de ciertos líderes empresariales –antes y durante la crisis económica– nos obliga a evaluar el contenido de los cursos universitarios sobre ética comercial.

Una rápida revisión de los planes de estudios sobre ética, en las escuelas de negocios, permite comprobar que algunas hacen una excelente labor, pero en general la imagen es desalentadora porque desde los años 60 a esta parte las universidades occidentales no han sido inmunes a la corriente del relativismo ético y de todo lo que se considera "políticamente correcto".

Muchas escuelas de negocios no cubren temas sobre lo que se debe o no hacer, con respecto a virtudes y vicios. La ética se reduce a la "responsabilidad social de la empresa", que no es otra cosa que promover lo que se considera políticamente correcto. A partir de ahí, si algo no es ilegal es que está bien hecho.

Esa posición es inadecuada para lograr que la empresa privada sea una genuina vocación; las escuelas de negocios fomentan mentalidades tecnocráticas y la creencia de que quienes reciben diplomas pueden dirigir cualquier tipo de empresa. Pero las responsabilidades en el mundo empresarial van más allá de las habilidades directivas porque incluye obligaciones fiduciarias con la clientela y con los inversionistas.

Otro problema es que los profesores de las escuelas de negocios no suelen estar convencidos de la moralidad de una economía basada en libertad de comercio, gobiernos limitados y el imperio de la ley. Esa ambivalencia la trasladan a sus estudiantes y es muy difícil que las escuelas de negocios enseñen hábitos morales asociados con el éxito empresarial cuando tantos profesores creen que la empresa privada y el libre mercado son convenientes, pero no tienen mucho que ver con los principios morales.

Recientemente, el Papa Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in Veritate,afirmó que la responsabilidad de los ejecutivos empresariales van más allá de crear beneficios, pero añadió que se abusa del adjetivo "ético", lo cual se presta a numerosas interpretaciones, algunas de las cuales socavan la prosperidad de la gente. Aunque el Papa elogia el auge de una conciencia ética en el mundo financiero y comercial, nos advierte que decir simplemente que una empresa en particular es "ética" nos dice muy poco de la moralidad de sus prácticas. El Papa afirma que lo verdaderamente importante es tener una visión precisa de lo que es moral.

Parte de la genialidad de muchos negocios de éxito son sus constantes pero prudentes innovaciones y su adaptación a nuevas circunstancias. En lo que a realizar cambios en los cursos de ética se refiere, las escuelas de negocios deben seguir ese ejemplo.

 

© AIPE

Samuel Gregg es director de Investigaciones del Instituto Acton.

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