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Estafas legales

Luego nos dicen, para tranquilizarnos, que los presupuestos del Estado no hacen más que subir con el fin de crear puestos de trabajo.

Amando de Miguel
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El asunto de la devolución del dinero indebido por parte de los bancos (claúsula suelo, preferentes, etc.) parece un justísimo homenaje al Estado de Derecho. Aun así, da la impresión de que tales acciones no lo son sin los nuevos gastos de abogados para tales fines. Hay que ver con qué alegría se anuncian ciertos bufetes para conseguir clientes.¿No era ilícito que los abogados se anunciaran? ¿Y no lo es todavía más que cobren los honorarios como un porcentaje de las reclamaciones?

Hay otras muchas situaciones en las que a los pacíficos consumidores o contribuyentes nos cobran un dinero indebido. Son muchos los servicios de atención al cliente (consumidor, paciente, etc.) en los que simplemente por llamar ya te están cobrando dinero. Astutamente han dispuesto un número de teléfono con una tarifa más alta. En ciertos casos, con recochineo, al llamar a uno de esos teléfonos, contesta la cansina voz robótica: "Si desea hablar con Planta, marque el 1; si desea hablar con Ventas, marque el 2…", y así sucesivamente. Lo peor es cuando aprieta uno el numerito indicado y se encuentra otra vez con el robot: "Por favor, espere un momento; enseguida le atenderemos". Y le ponen una música ratonera que no había pedido. Así puede estar uno muchos minutos, mientras sigue corriendo el contador. Total, una minúscula estafa legal, pero multiplicada por cientos de miles de llamadas que así se hacen todos los días. Supongo que al inventor del sistema le dieron un premio por emprendedorpor su magnífica innovación.

Otro avance de equidad hacia el Estado de Derecho es que parece que ahora no te van a cobrar el impuesto de plusvalías cuando la venta del inmueble no produzca un beneficio. Pero sigue sin llamar la atención que el Excelentísimo Ayuntamiento te cobre un oneroso impuesto anual (el IBI) por disfrutar de tu vivienda. Esperemos que no se les ocurra aplicar impuestos semejantes por el uso de la biblioteca personal o los electrodomésticos.

Las estafas legales son innúmeras. Las normas de algunas oficinas públicas te exigen ciertos certificados caprichosos.Los funcionarios deciden que ese trámite hay que pagarlo. Pero ¿no pagamos ya todo tipo de impuestos para costear los servicios públicos?

Asombra el caso de un viajero que va al mostrador de la Renfe y pide un billete. Todo funciona admirablemente. Al importe del billete le añaden un recargo por la gestión del mismo. Está todo impreso. A ver quién se pone a discutir.

Ahora empezamos a saber con algún detalle que algunas grandes empresas españolas añadían al coste de las obras para el Estado un porcentaje para el partido político correspondiente. Bien, en ciertos casos más espectaculares, los corruptores y los corruptos van a la cárcel. Pero ¿devuelven el dinero de la coima con sus intereses correspondientes? Y lo que interesa más, ¿cómo nos resarcen a los contribuyentes, los auténticos paganos, de todo ese enjuague que llamamos corrupción?

Como puede verse, no es cierto el principio de que todos los españoles somos iguales ante la ley. Es más, hay leyes que nos tratan con notoria injusticia. Siempre se podrá argüir que podríamos cambiarlas. Pero el pueblo español es esencialmente rebañego; se mantiene sumiso en el hato administrativo donde lo pastorean; asiste resignado a que lo esquilen. Luego nos dicen, para tranquilizarnos, que los presupuestos del Estado no hacen más que subir con el fin de crear puestos de trabajo.

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