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La elegancia del lenguaje y el eufemismo

Lo que no acabo de entender es por qué el eufemismo es un tropo que tiene tan mala prensa. Yo mismo lo he criticado aquí muchas veces. Debo precisar que lo realmente molesto es que los eufemismos sean demasiado relamidos y que se abuse de ellos

Amando de Miguel
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Queda dicha aquí la función que cumple el eufemismo en el lenguaje del politiqués. Luis Cáceres Ruiz me envía una nueva lista de eufemismos que se manejan habitualmente en la parla oficial con el fin de suavizar el discurso: Crecimiento negativo (= disminución), redimensionar (= reducir), países de nuestro entorno (= países europeos), especuladores (= inversores), territorios (= regiones o provincias). Se sigue hablando de "nuevas tecnologías", aunque algunas de ellas sean bastante antiguas, como el fax o el teletipo. Ahora se echa la culpa de nuestros males económicos a las taimadas "agencias de calificación". Dice don Luis que es como si echáramos la culpa de nuestras dolencias a los médicos que las diagnostican.

Melitón Cardona añade más eufemismos de nuevo cuño: residuos sólidos urbanos (= basuras), subsaharianos (= negros de África), comerciales (= vendedores). Me llama mucho la atención que, en algunos municipios, el lugar donde se depositan los contenedores de basuras  se denomina “punto limpio”. Naturalmente, es el más sucio.
 
Julio Iglesias de Ussel me envía un documentado artículo del The Economist en el que se demuestra que el recurso al eufemismo es muy común en el discurso público de varios países. Destaca singularmente el Reino Unido. No voy a reproducir los desternillantes ejemplos que se dan de ese lenguaje que permite no ser hiriente o que pasa por educado. Es una forma de ocultar hechos desagradables, como la muerte o los defectos y errores de las personas. Lo que no acabo de entender es por qué el eufemismo es un tropo que tiene tan mala prensa. Yo mismo lo he criticado aquí muchas veces. Debo precisar que lo realmente molesto es que los eufemismos sean demasiado relamidos o que se abuse mucho de ellos hasta el punto de oscurecer el lenguaje. Por lo demás, el recurso al eufemismo es un signo de buenos modales. Es algo que facilita la convivencia, evita el conflicto y la grosería. Después de todo, lo que llamamos urbanidad es el producto de un ambiente urbano en el que la densidad de población es alta y los contactos humanos son frecuentes. Si no recurriéramos al eufemismo, la vida se nos haría más dura. El idioma español es ya de por sí muy cortante, por lo que es bueno que no siempre llamemos a las cosas por su nombre verdadero. En los lugares públicos el lugar donde se defeca o se orina recibe el estimulante nombre de “aseo” o incluso  de "baño". No llegamos a lo de rest room de los americanos. Es el sitio menos indicado para descansar.
 
Los eufemismos son a veces simplemente modas léxicas que se imitan sin ton ni son. Pueden adoptar la forma de circunloquios para suavizar la expresión. Por ejemplo, José Luis Calle Tormo me indica la nueva moda de "poner en valor", cuando antes estaba más claro con lo de "valorar". Tampoco me explico yo esa afición a “poner en valor” cualquier cosa, aun las más fútiles. Supongo que es un  término comercial en su origen. Por ejemplo, los desechos vegetales se ponen ahora en valor al fabricar con ellos pastillas para las calderas de la calefacción. Al paso que van las cosas, llegaremos a cultivar grandes extensiones de terreno para obtener plantas que luego sean trituradas y así obtener esas maravillosas pastillas combustibles. Válgame Dios.
 

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