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La falsa igualdad de la mujer

La mujer se constituye en el gran debate actual porque representa el símbolo favorito de la desigualdad.

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La mujer se constituye en el gran debate actual porque representa el símbolo favorito de la desigualdad. Se entiende, la insuperable desigualdad entre varones y mujeres. Tan central se presenta el asunto que logra alcanzar rango ministerial. En efecto, le han dedicado todo un Ministerio, el de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad. Nótese que en España la sanidad ya no depende del Estado central sino de las llamadas "autonomías". Por lo cual el ministerio en cuestión se ha quedado sin apenas funciones sanitarias. En los ayuntamientos más urbanos, los partidos políticos y los sindicatos se reservan un puesto destacado para una mujer. Se la coloca al frente del organismo encargado de la igualdad entre los sexos, dizque los géneros. Por la misma razón, al frente del Ministerio de Sanidad ha estado últimamente una mujer. Es una cándida indicación de que el progreso de la mujer se debe al Estado.

Pero resulta que el problema de la desigualdad no es el que verdaderamente preocupa a los españoles. Tampoco se puede decir que la desigualdad entre varones y mujeres sea central a las medidas de acción política. La prueba es que una gran desigualdad se establece entre los españoles y los extranjeros modestos que residen en España. Más aún, la verdadera y oculta desigualdad es la que existe entre los políticos y los contribuyentes. Pero a ese problema no se le reserva ningún organismo público, pues oficialmente no se le reconoce. La razón de concentrar la acción de los Gobiernos en la desigualdad entre los sexos es que en España sobresale un movimiento de presión política verdaderamente exitoso: los colectivos feministas. (¿O habría que decir "las colectivas"?).

Es un hecho de la naturaleza el llamado "dimorfismo sexual", si bien en la especie humana no parece especialmente acusado. Es claro que la apariencia física del varón y de la mujer difieren un punto. Los varones suelen ser más altos y más fuertes que las mujeres. Tampoco es una gran ventaja, salvo en el deporte o en las acciones bélicas. Los gorilas son mucho más altos y fuertes que los hombres. Lo cual no da pie a que el Homo sapiens se desespere por ello. La inteligencia mantiene un tango superior a la fuerza o la estatura. Lo fundamental es que no está demostrado que la capacidad intelectiva sea superior en uno u otro sexo de los humanos.

Como es natural, el valor de la igualdad debe ser siempre relativo a otros criterios. De otra forma se puede caer en el fácil igualitarismo, una tacha común a toda suerte de utopías y falansterios. Sin llegar a tanto, el principio de que niños y niñas de la misma edad compartan los mismos cursos escolares puede llegar a ser un tanto disfuncional. Se ha observado que, con los mismos años, las chicas maduran antes que los chicos. Al compartir las mismas aulas, ello da lugar a un cierto complejo de inferioridad en los chicos. Puede que la mayor violencia masculina cuando adultos tenga algo que ver con esa forzada convivencia en la escuela de chicos y chicas de la misma edad.

La incruenta lucha por la igualdad entre varones y mujeres, justísima como es, lleva a cometer el error de percepción de que ambos sexos son equivalentes en todos los aspectos. Pero la realidad es que mantienen muchas disparidades de mentalidad y conducta. No me refiero a las naturales diferencias orgánicas, sino a la distinta manera de ver el mundo que tienen unos y otras. Lo que ocurre es que esa impresión mía se considera políticamente incorrecta (un anglicismo que está de moda) en nuestra sociedad. Por tanto, no debe enunciarse.

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