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Amando de Miguel

La ingeniería social del régimen

La ingeniería social es tan poderosa que se incardina no solo en la izquierda (sedicentemente progresista) sino en la derecha (sedicentemente centrista).

Amando de Miguel
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El título y el texto merecen muchas comillas para indicar la naturaleza irónica o sarcástica de estas ideas. El "régimen" español actual es el de la sedicente y confusa "Transición". Se trata de un término dinámico y voluntarista que nunca se pudo saber a dónde conducía. Al final, merece esa etiqueta de régimen porque unifica las ideologías y, sobre todo, el proceder de los distintos Gobiernos que lo han dirigido (UCD, PP, PSOE). Bien es verdad que entre ellos se reconocen ciertas diferencias, por ejemplo, esta de la ingeniería social, que corresponde más bien a los Gobiernos socialistas de Zapatero y Sánchez. No se sabe cuál de los dos resulta más indigente, intelectualmente hablando. Lo que más sorprende es que ni populares ni ciudadanos se oponen resueltamente a las pretensiones de la ingeniería social de los socialistas. Resulta difícil oponerse a lo que se presenta como un progreso.

La ingeniería social se distingue porque ofrece un carácter manipulador de la realidad social sobre la que opera. Se trata de interpretarla y amueblarla pro domo sua, esto es, para reforzar los intereses de los operarios de tales maniobras. El principio es que la realidad social no es tal, sino el reflejo de lo que quiere que sea el manipulador. (Realmente habría que decir más bien el pedipulador, pues hay veces en que parece hecha con los pies). Solo que tal voluntarismo se viste con el manto del prestigio que proporcionan los hallazgos de la ciencia o de la tecnología.

El resultado patológico para la persona que comulga con las prácticas de la ingeniería social es lo que irónicamente se ha llamado asomatognosia. Es algo así como ignorar en qué lugar del espacio social se encuentra el sujeto. Se podría llamar también alienación en el sentido de la limitación de las capacidades mentales debidas a factores externos.

La primera y más doméstica de las formas de ingeniería social en la España de hoy es la construcción del "Estado de las Autonomías" como una forma original y excelsa de organización de la vida pública. No debe confundirse con un razonable principio de descentralización de las funciones del Estado. Su caricatura es, precisamente, la consideración de las autonomías, tal como se han establecido en España. No son solo una forma de descentralización administrativa, sino latentemente una vía para justificar y potenciar el caciquismo tradicional. Ese rasgo es hoy mucho más activo y peligroso que hace poco más de un siglo, puesto que ahora maneja cuantiosos presupuestos públicos. Los cuales no han hecho más que expandirse desde la instalación de la democracia. No digamos si, a través del régimen autonómico, en ciertas regiones se precipitan las tendencias secesionistas. En cuyo caso, la ingeniería social se manifiesta en legitimar todas esas fuerzas explotadoras y disgregadoras. La operación distorsionadora consiste en convencer a los españoles de que la realidad no es la que pudiera parecer.

La ingeniería social se aprovecha de una serie de ideologías dominantes en la sociedad. Por ejemplo, la memoria histórica (extraña expresión convertida en ley), que en España se aplica para convencer a la población de que la guerra civil la ganaron los republicanos. O también la ideología de género, esta importada, por la que se convence al público de una nueva desigualdad: la de los sexos, ahora llamados géneros. Como en todas las formas de desigualdad social, en esta uno de los polos prevalece sobre el otro: la mujer sobre el varón.

Lo fundamental en todos esos procesos reseñados es la maniobra de convencer a la población de que la distorsión de la realidad es la verdadera hasta convertirse en axioma. De ahí el sustantivo de ingeniería, que es aquí una perversión del ingenio. El poder se alía con la inteligencia para doblegar y comprar voluntades a través de la formidable máquina de los medios de comunicación, la enseñanza y las redes sociales. Realmente, se trata más bien de propagada, en el sentido más vulgar del término.

La ingeniería social es tan poderosa que se incardina no solo en la izquierda (sedicentemente progresista) sino en la derecha (sedicentemente centrista). Así pues, la única fuerza que puede oponerse a la nueva forma de "oligarquía y caciquismo" es Vox, el partido que se sitúa frente a todos los demás. Es claro que Vox es el único partido que no puede aliarse con el PSOE. Se entenderá ahora por qué convergen todos los otros partidos en orillar a Vox.

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