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La pejiguera de las dos Españas

Empieza a ser irritante la obsesión de la izquierda por ensalzar las figuras históricas de su ideología, incluidas las que no pasaron de mediocres.

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Europa Press

La maldición que pesa sobre la vida pública española de la época contemporánea es la constante disputa entre las llamadas "dos Españas" en términos de clase social o de orientación ideológica. La apoteosis de tal confrontación fue la crudelísima guerra civil de 1936, cuyos vencidos fueron anatematizados por el franquismo.

Con el famoso "consenso" de la democracia pareció que se iba a cerrar el maleficio, pero sucedió algo curioso. Las autoridades políticas y culturales de los últimos 40 años han puesto tanto empeño en reivindicar el dolor de los vencidos en la guerra civil que da la impresión de que esa contienda la ganaron los republicanos. Tómese una escueta ilustración. En las películas que se han hecho sobre la guerra civil o sus consecuencias a lo largo de los últimos 40 años los "buenos" han sido casi siempre los republicanos. Han sido casi todas películas subvencionadas por el Gobierno de turno, fuera de izquierdas o de derechas. Después de todo, en España la industria del cine ha estado siempre en manos de personas de izquierdas. Lo de la subvención al cine fue una política del franquismo que permanece viva. Pasa algo parecido con otros muchos aspectos de la vida cultural. Compárense los homenajes que ha merecido Antonio Machado durante los últimos 40 años y el silencio oficial sobre otro gran escritor de la generación del 98, Ramiro de Maeztu. Este último fue fusilado por los republicanos a comienzos de la guerra civil. Sigue siendo el gran olvidado.

Siempre se podrá decir que es de justicia homenajear a los españoles eminentes que fueron de izquierdas. Pero, después de 40 años de democracia, lo verdaderamente equitativo sería que el mundo oficial reconociera públicamente a los epónimos de las dos Españas. No hay ningún indicio de que se esté produciendo una cosa así. Más bien tiene lugar la decisión contumaz de eliminar del callejero a los personajes que fueron de derechas. Es más, en la vida pública actual el mínimo reconocimiento de la España tradicional o conservadora es calificada automáticamente como "fascista" o "facha" a modo de insulto.

Por si fuera poco, el Gobierno actual (socialista y feminista) se ha propuesto como objetivo principal la exhumación de los restos de Franco, enterrado que fuera en su día en el Valle de los Caídos. Es una forma decidida de ahondar todavía más la herida de las "dos Españas". A estas alturas se habla de levantar un censo con las víctimas del franquismo; hay que suponer sus descendientes. ¿Y el censo con los descendientes de las víctimas de la República? No creo que lo exijan los parientes que queden de José Antonio Primo de Rivera, fusilado por los republicanos. Por cierto, también se halla enterrado en el Valle de los Caídos. ¿También será exhumado?

Empieza a ser irritante la obsesión de la izquierda actual por ensalzar las figuras históricas de su ideología, incluidas las que no pasaron de mediocres. No es solo una iniciativa intelectual, sino que se traduce en los programas electorales.

Está por hacer un análisis de contenidos de los textos de la enseñanza obligatoria en España. Los datos parciales que tenemos nos indican que muestran un sesgo sistemático al exaltar los personajes que en vida pasaron por izquierdistas o progresistas. No existe ningún organismo oficial que vigile el sesgo ideológico de los textos escolares. Así pues, lo lógico es que, en la mentalidad de los egresados de la enseñanza obligatoria, continúe el enfrentamiento de las "dos Españas". Con la particularidad de que parece que la de izquierdas o progresista siempre va a ser la que tenga la razón. Demasiado simplista para ser verdad.

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