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Amando de Miguel

La pirámide de mercedes

Nunca en la historia contemporánea española el Gobierno ha sido tan poderoso como hoy.

Amando de Miguel
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En mi lejana época de estudiante universitario fue todo un descubrimiento La crisis del Estado, el texto que daba Manuel Fraga en su curso. Las clases eran una cascada de citas en varios idiomas, que el maestro ni siquiera traducía. Por fin, después de más de medio siglo de continuas lecturas, se me aparece claro lo que pueda ser esa evanescente realidad del Estado.

La gente del común confunde Estado con Gobierno, y no anda descaminada. Hay Estado donde se muestra un Gobierno dispuesto a decretar las órdenes pertinentes para beneficiar a los que llama "ciudadanos", aunque siempre a unos más que a otros. De esa forma, el Gobierno se muestra como el gran dispensador de sueldos, mercedes, cargos, sinecuras, prebendas, privilegios, ayudas, subvenciones. Es decir, se convierte en el gran administrador de los dineros públicos, incluidos los que pide prestados. Así pues, la política se traduce en una gran rebatiña de los distintos intereses sociales para conseguir la parte más ventajosa posible del reparto del presupuesto público.

No hay más que ver el ejemplo de las empresas multinacionales (realmente de pocas naciones) asentadas en España, con frecuencia asociadas a otras autóctonas, auxiliares o dependientes. Solo se quedan en la Piel de Toro si el Gobierno les concede todo tipo de facilidades laborales y fiscales. En cuanto ven en peligro tales privilegios, mueven a sus trabajadores bien entrenados sindicalmente para protestar y exigir que el contribuyente español incremente la dádiva que recibe la empresa. No es broma, los contribuyentes españoles deben pagar una parte del coste de un automóvil que adquieren los compradores y, por tanto, benefician a los fabricantes. Es solo una ilustración que nadie discute, pero hay muchas más.

Los recursos públicos son limitadísimos (tanto que el Gobierno tiene que recurrir continuamente a interminables préstamos). Por tanto, lo interesante es la feroz competencia que se establece por parte de los muchos pedigüeños. Ahí reside el secreto del poder. Ciertas empresas, asociaciones y demás entidades de influencia logran beneficiarse más que otras del reparto. Para ello se valen de etiquetas plausibles, como, por ejemplo, las "luchadoras contra la violencia de género" o las asociaciones de productores de la más diversa índole. El ideal es que los pedigüeños logren tener alguna poltrona en el Consejo de Ministros. Es una especie de Consejo de Administración del Producto Interior Bruto, o mejor, del sistema de gastarlo. Sus reuniones son legalmente secretas.

Se comprenderá ahora el júbilo general que logra producir la eventual llegada de ese maná superlativo que son los fondos europeos para la reconstrucción nacional. Es una consecuencia de la pandemia del virus chino, pero no hay mal que por bien no venga. Son muchos los españoles que esperan sacar tajada, como sucedió en su día con los fondos europeos para promocionar el empleo o construir autopistas. Sirvieron sobre todo para lubricar bien los mecanismos de los partidos, los sindicatos y las patronales. Importó poco que la tasa de desempleo apenas descendiera: a la larga aumentó todavía más.

Bien, el Estado ha sido así testigo, en la España contemporánea, de sucesivos cambios de régimen. Lo realmente nuevo es que nunca en la historia contemporánea española el Gobierno ha sido tan poderoso como hoy en su faceta primate de dispensador de mercedes. Nunca ha sido tan profuso el fichero de altos cargos, no solo en el Estado central, sino en las mal llamadas ‘autonomías’.

La hecatombe económica que se nos echa encima, provocada por el maldito virus chino, supone una oportunidad de oro para que el funcionamiento de la economía y la sociedad descansen más que nunca en el Estado. Quien más quien menos necesita la ayuda pública para seguir produciendo, para asegurar las vacaciones o para seguir vivo. Es evidente que la ingente factura se tiene que pagar con una creciente deuda pública y más impuestos; es decir, con más Estado. Se entenderá ahora que gobiernen las izquierdas. Son hoy las grandes derrochadoras del dinero de los contribuyentes.

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