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Las claves del fenómeno VOX

Ningún otro partido nacional se preocupa tan sinceramente por defender a la nación española como tal.

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LD

Una de las paradojas de las recientes elecciones andaluzas es que, de los partidos con representación parlamentaria, VOX fue el que menos votos sacó, pero fue el triunfador moral. La razón primera es que partía de cero: nunca había ocupado escaños en ningún Parlamento. En Andalucía concurrían dos docenas de partidos en esas mismas condiciones, pero ninguno consiguió escaños como VOX. El inesperado éxito de los voxeros se debió a que, inopinadamente, todos los demás partidos parlamentarios se dedicaron a hablar de VOX y a denigrarlo. De modo especial, la presidenta de la Junta puso a VOX como no quieran dueñas: que si era machista, anticonstitucional, fascista, etc. No parece una conducta racional, pues, en teoría, VOX parecía arañar votos del PP, el enemigo real del PSOE. Así que, en principio, a la presidenta de la Junta tendría que haberle interesado que el PP redujera su acopio de votos. Pero pudo más en ella el lado sectario de su ideología y quizá su impericia intelectual.

Por otra parte, los votos de VOX en Andalucía no proceden solo de los desengañados del PP, sino también de los abstemios, esto es, los que no suelen votar, que en Andalucía son legión. Se sospecha que también hay un trasvase de algunos votos de la izquierda, los de las personas temerosas de la inmigración descontrolada, un tema que solo ha tocado VOX.

Con independencia de (ahora dicen "más allá de") las fintas tácticas, el éxito de VOX procede de su papel no ya de regeneración democrática, común a varios partidos. Lo suyo es algo más, es la auténtica voxigenación de la vida política. Ningún otro partido nacional se preocupa tan sinceramente por defender a la nación española como tal, combatiendo sin tregua a terroristas y separatistas. Hay muchos españoles, en diferentes posiciones ideológicas, a quienes les suena bien esa música que significa atajar el descoyuntamiento territorial. VOX se apresta a esa misión tan arriesgada.

Si se repasan los currículos de los dirigentes de VOX, se comprueba que están los dolidos por la incapacidad del PP para enfrentarse al secesionismo de algunas regiones y para precaverse de la corrupción. Pero hay otras figuras que proceden de la izquierda y que en algún momento se plantearon esas mismas carencias en sus respectivos partidos de origen.

El sambenito de "fascista" o de "facha" para VOX procede de que en sus actos flamean banderas de España y se escucha el himno nacional. Pero, históricamente, los fascistas no fueron muy entusiastas de la bandera o del himno de su respectiva nación; más bien pretendían sustituir esos símbolos por los del partido. Lo usual en España es que los partidos se resistan a ondear la bandera nacional en los actos de propaganda y a que se pongan los acordes del himno nacional. En esto se oponen a la conducta de casi todos los partidos de los países occidentales. VOX no participa de ese complejo.

Se me permitirá una ilustración personal. Hace algunos años formaba yo parte en mi pueblo (Collado-Villalba) de una especie de círculo cultural y político del PP; el Club Peñalba se llamaba. Después de las reuniones, como despedida, hacíamos sonar el himno nacional. Pues bien, a una de esas reuniones asistió un alto mando del PP, Francisco Granados (hoy en la cárcel por corrupción). El hombre prohibió terminantemente que sonara el himno nacional. Pocos meses más tarde el señor Granados nos impuso un candidato desconocido para encabezar la candidatura al Ayuntamiento. Ganó las elecciones y en seguida se vio inmerso en un escándalo de corrupción; tuvo que dimitir.

La pequeña anécdota es lo de menos, pero puede dar alguna luz sobre el mundillo político local. El resultado es que, por fas o por nefas, el PP deja de ser lo que fue, lo que pudo ser.

La gran distinción en la actual panoplia de partidos es la oposición entre los viejos o establecidos (incluidos los separatistas) y los nuevos (Podemos, Ciudadanos y VOX). Los últimos han subido vertiginosamente en la opinión, pero con una diferencia. Podemos y Ciudadanos parecen contar con un gran apoyo financiero, mientras que los voxeros son mucho más modestos. Ojalá suceda que VOX, cuando se constituya como grupo parlamentario, sepa renunciar a la subvención oficial que le conceden las leyes. O mejor, que consiga anular esas leyes.

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