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Las llamadas 'ruedas de prensa'

Las respuestas del político terminan siendo más bien declaraciones, que es lo que iba buscando.

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Lo hemos visto en algunas películas americanas de la época del blanco y negro, cuando el cine era cine y no efectos especiales. El político de turno convocaba a los periodistas (todos varones, más bien talluditos y con sombrero) para informarles de alguna novedad. Los reporteros se situaban de pie haciendo una rueda móvil en torno al político. Uno de ellos le hacía una pregunta. Durante la respuesta, los demás tomaban notas y el siguiente preparaba otra pregunta. Así continuaba la rueda hasta completar la información. Todos salían ganando. Era fundamental que cada periodista hiciera solo una pregunta en el turno correspondiente. La ceremonia debía ser rápida, iba directamente al grano.

Bien, ese ritual ya no se estila de esa forma. Únicamente lo cito para explicar el origen de la rueda de prensa, que ya se ha instalado en la España democrática. Ahora se habla de conferencia de prensa. Los periodistas (de ambos sexos y más bien jóvenes; cada vez más, mujeres) aparecen sentados en las butacas de una salita. El político ocupa la mesa presidencial, a veces detrás de un podio donde deposita sus notas. El ritual está pensado para la televisión. Para empezar, en algunos casos, aunque se llame conferencia de prensa, el político no se somete a las preguntas de los periodistas. Se habla entonces de plasma, puesto que incluso el político no se encuentra físicamente en la sala, sino que aparece (nunca mejor dicho) a través de una pantalla de televisión, una pantalla de plasma. Pero tal situación es excepcional.

Lo específico de España es que, en la conferencia presencial, los periodistas suelen plantear cada uno dos o tres preguntas seguidas, lo cual facilita que el político se salga por las ramas y no conteste a ninguna. Lo que es más grave, en el ritual español no se admite la repregunta, sobre todo en el sentido de: "Perdone, pero no me ha contestado a la pregunta que le he hecho. ¿Podría contestarla, por favor?". Ante la ausencia de ese derecho por parte del periodista, el político se sale fácilmente por los cerros de Úbeda. Es decir, sus respuestas terminan siendo más bien declaraciones, que es lo que iba buscando.

Hay un detalle que no entiendo. Por qué los periodistas que asisten a las conferencias de prensa se proveen de un ordenador. ¿Es que no basta la copia de lo que está sucediendo? Mi duda puede ser mi ignorancia.

Lo asombroso es que ningún periodista español se haya quejado de esa falta de libertad que significa la ausencia del derecho de repreguntar en las conferencias de prensa. Lo cual significa una general sumisión de la clase periodística a la clase política. Al final, una conferencia de prensa al estilo español se acerca más al género de la propaganda. No otra cosa es el cargo (altamente retribuido) de las jefaturas de prensa, o mejor, de relaciones institucionales. Suelen distinguir a las grandes empresas, los organismos más eminentes. Normalmente, tales flamantes oficinas se asignan a periodistas de profesión que, como tales, dejan de ejercer el oficio propiamente periodístico. Su misión es ahora tener a raya a los reporteros, controlar luego lo que van a emitir por los medios. Los periodistas aceptan el trato porque de esta manera cuentan con suficiente material informativo.

Nadie debe alterarse por la crítica que aquí se destila. Todos los actores cumplen con su deber en esta suerte de representación dramática que es la vida pública. Los simples comentaristas también nos adaptamos al rol que nos marca el implícito argumento de la trama. No voy ahora a desvelar cuál es, pero el lector curioso lo puede averiguar fácilmente.

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