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Amando de Miguel

Una moción emotiva

Fue una victoria pírrica para el PP, el suicidio político de Casado.

Amando de Miguel
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La reciente moción de censura al Gobierno por parte de Vox, lejos de ser un ritual baladí, ha acabado siendo un suceso histórico. Sus consecuencias no han hecho más que empezar en la atribulada política española.

El ambiente parlamentario que provocó la moción recuerda el de la primavera de 1936, salvando todas las distancias. Miguel de Unamuno calificó aquel Congreso de “fulanista”, en el peor de los sentidos. Algo parecido se podría decir de la sesión hodierna.

Para qué nos vamos a engañar: Abascal perdió, ostentosamente, la partida. La paradoja es que quedó como el único líder potencial de la derecha.

Casado dilapidó la oportunidad de practicar el honroso principio de nobleza obliga. No otra cosa habría sido el despliegue de este razonamiento:

Señor Abascal, yo le voy a dar el con toda gentileza. Coincido con su señoría en apreciar que el actual Gobierno de España es el peor que hemos tenido en cuarenta años; no en cuatrocientos. No ignoro que, con mi apoyo, no dan los votos para ganar la moción de censura. Mas no importa; de esa forma, estoy seguro de que, ante una próxima ocasión más propicia, cuando el PP proponga otra moción de censura, contará con el apoyo de Vox. Nos une lo fundamental: el supremo interés de España y nuestro planteamiento de la política como una cuestión moral.

Pues no; eso no sucedió, sino aproximadamente lo contrario. Con profundo desprecio, Casado leyó una oración de enorme despecho y resentimiento contra Abascal. Fue un ataque, furibundo y fulanista contra su alter ego, el chico de Amurrio.

La prueba del éxito sorprendente del discurso de Casado fue que mereció los elogios del presidente socialista y de su segundo, el vicepresidente comunista. Roma sí paga a traidores, como ya se había visto antes con Ciudadanos, convertido en satélite del PSOE.

Naturalmente, el sorprendido Abascal se quedó solo, algo así como Henry Fonda al principio de Doce hombres sin piedad. Es decir, se trataba de la dramática situación, que los psicólogos llaman ‘minoría de uno’, pero que, a veces, se revuelve contra la situación de partida.

Casado intentó recuperar su equilibrio, al situarse en el punto medio, equidistante de los dos extremos arriscados. Pero la metáfora resultó asaz desgraciada, puesto que el punto, en buena física, carece de masa; es una entidad geométrica.

El resultado fue una victoria pírrica para el PP, el suicidio político de Casado. Como miserable compensación, el hombre fue investido como emperador en una gota de agua por parte de sus corifeos mediáticos. No menor paradoja fue el triunfo apoteósico de Sánchez, con ínfulas de conductor vitalicio de lo que quede de España.

Lo que sigue es información. A la misma hora de la fallida moción de censura española, en Suecia se ventilaba la colaboración de los tres partidos de la derecha. Se proponía provocar una moción de censura para tumbar el Gobierno boreal. Eran estos: el Moderata (equivalente del PP español), el SD (paralelo a Vox) y el KD (la versión sueca de la democracia cristiana). Vivir para ver.

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