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Cs y el pucherazo

El amaño telemático de los votos a favor de la candidata de la dirección, Silvia Clemente, no es una excepción, sino un comportamiento.

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EFE

Poco después de las elecciones andaluzas, Cs emprendió una deriva equidistante para resituarse en el centro político que le ha llevado a tomar decisiones poco creíbles. El último bandazo asegurando que nunca pactaría ni con Pedro Sánchez ni con el PSOE, delata desorientación y poco sentido de Estado. Lo primero es coherente con sus compromisos en la defensa de España, lo segundo destruye la posibilidad, in extremis, de pactar con un partido constitucionalista para evitar que se eche en manos nacionalistas.

En esa desorientación galopante lo único en lo que no puede caer Cs es en forzar primarias con métodos propios de las cloacas políticas. Nació para evitarlas. No otra cosa es el pucherazo para imponer vía telemática a una señora de la vieja guardia del PP con sospechas de prevaricación.

Las primarias están diseñadas para abrir los partidos a la sociedad y evitar así el caudillismo de sus direcciones. Pero la experiencia real nos enseña que sus efectos son fácilmente neutralizados por quienes controlan el partido. En el propio Cs las sospechas de forzar ventajas por parte de la dirección controlando los resultados telemáticos en tiempo real para movilizar a los votantes necesarios si los resultados son adversos, son algo más que una leyenda de las RRSS. Por eso, el amaño telemático de los votos a favor de la candidata de la dirección, Silvia Clemente, no es una excepción, sino un comportamiento.

En esta ocasión, dos hechos inusuales se han conjurado para descubrir el fraude: la grosera introducción de un paquete de votos idénticos a horas intempestivas y la decisión del candidato Francisco Igea de amenazar con llegar al juzgado de guardia, si el Comité de Garantías no tomaba cartas en el asunto. Las gráficas que retratan el fraude, son ahora la mayor prueba para identificar a quienes lo cometieron. Porque eso es lo relevante, no la rectificación, ni la dimisión del secretario de Comunicación en Castilla y León y miembro del Comité Ejecutivo Nacional, Pablo Yáñez, sino identificar a los responsables, denunciarlos por fraude electoral, y suspenderlos de todas sus funciones en espera de expulsarlos del partido en cuanto se demuestre el delito.

Llueve sobre mojado. De salida, Pablo Yáñez tiene todos los números. Él fue quien contactó con Silvia Clemente, y quién propuso a la dirección de Cs, a través del secretario general, José Manuel Villegas, fichar a la dirigente del PP de Castilla y León. No era la primera vez que actuaba de forma irregular y abogaba por un fichaje alejado de cualquier perfil progresista. Ya en las elecciones autonómicas del País Vasco de 2009, cuando Cs y UPyD mantenían conversaciones para pactar, Pablo Yáñez, un militante de 19 años de Soria, se arrogó fraudulentamente la representación de Cs en la Federación Norte de España y emitió un comunicado pidiendo el voto para Antonio Basagoiti del PP en detrimento de UPyD (Cs no se presentaba). Su aversión a cualquier acercamiento a Rosa Díez, a la que consideraba una roja peligrosa, y su obsesión por lograr que Cs depurara cualquier rasgo progresista dentro de sus filas hasta lograr un partido de derechas le llevó a maquinar la desconfianza de UPyD por Cs.

Hacía méritos entre los más conservadores. Pronto le llegaría su turno en medio de la peor crisis del partido, el pacto de Cs con Libertas para las europeas. Aquella crisis se diluyó en un Consejo General, cuya mesa amañada por la dirección, contaba con su presencia y sus tretas al servicio de Miguel Durán y Villegas, primero y segundo a las europeas con Libertas.

Experto en amaños en RRSS, Pablo Yáñez tuiteó tras su dimisión:

"Avalé, apoyé y defendí el proyecto de @SClementeCscreyendo que era la mejor opción para @CsCastillayLeon Una mayoría de militantes no lo ha creído así. Por responsabilidad, he renunciado a mis cargos en @CiudadanosCs Gracias a todos por estos años".

Es evidente que ha sido la dirección quién le ha obligado a dimitir, es evidente que no ha actuado sólo, es evidente que mientras no se airee con luz y taquígrafos los mecanismos del fraude y se expulse de la vida política a los culpables, Cs no se librará de la sospecha.

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