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‘Hater’, Pedro y Pablo

Supongo que Iván Redondo no habrá inspirado al guionista polaco. Como hay tanto plagio hoy día…

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¿Por qué esa asociación de ideas desde la primera escena de la película Hater con Pedro y Pablo? El laberinto del inconsciente es tortuoso, inquietante, a veces indescifrable. ¡Ay! Esta mente selectiva, interesada, ¿percibe lo que ve o lo que quiere ver?

La película es lenta, matemática, letal. Desata emociones encontradas, te puede confundir. La trama utiliza la habilidad del protagonista en la manipulación de las RRSS para desprestigiar a un político y, de paso, saldar deudas personales. O al revés. Y al final…

Ahí lo dejo, no les destriparé el premio a la Mejor Película Internacional del Festival de Tribeca, dirigida por el polaco Jan Komasa.

"No es una cuestión de interpretación". La decana ha cortado en seco el intento de manipulación del alumno. "Independientemente de si el trabajo lo has escrito tú o si no dominabas la materia y se lo encargaste a alguien, un plagio es un plagio". Las caras del tribunal universitario se mostraban lapidarias e insobornables al menudeo emocional del estudiante de Derecho. Aun así, insistió: "Desde mi punto de vista, no he cometido un plagio". "El plagio no depende de interpretaciones", zanjó la decana. Su compañero de tribunal se sumó a la decana con cruel sencillez: "A pesar de que estudiabas Derecho, violaste la ley. ¡Bravo!".

El tramposo intentó explotar su condición social, dar pena, chantajearles emocionalmente una vez más: "La decisión de expulsarte es definitiva". Qué natural es tomar decisiones a tiempo para evitar tragedias futuras.

La construcción lenta del personaje juega con el espectador. Sólo es un anzuelo envenenado. Tardará en verlo, acostumbrada como está hoy la manada en solidarizarse con la condición de víctima sin ninguna actitud crítica.

Lo pagará caro; en ciernes irán surgiendo como gases tóxicos de cloaca el resentimiento, la ambición, la sordidez, la mentira, la manipulación, la amoralidad y la venganza.

"Es un mentiroso patológico", advierte el padre progre a la adolescente. Las pisadas a lo largo de la cinta me llevan una y otra vez a la falta de escrúpulos de Pedro y Pablo. Pronto, lo peor de la ausencia de valores y la ambición de poder se confundirán con la venganza. Los daños colaterales no se harán esperar en esta sociedad inspirada en la manipulación digital. Perfiles falsos, la adaptación de El arte de la guerra de Sun Tzu a la guerrilla psicológica digital; explotación del miedo al racismo y a la ultraderecha, la destrucción social del oponente. Todo vale. Maquiavelo trufado de posmodernismo en el lodo de Twitter, Telegram, Instagram, Facebook, You Tube…

Me paro en el resentimiento. Pedro Sánchez expulsado por las vacas sagradas de su partido. Humillación. En Manual de resistencia se deja oler la leche agriada del resentimiento. Y la aspiración masticada de la venganza. Como la del protagonista de Hater, lograr el éxito a cualquier precio, vengarse de todo el que tiene más centímetros que él. A veces se cruza el resentimiento social de su vicepresidente. ¿Qué incidencia política real puede tener el resentimiento larvado en la construcción emocional de un dirigente político? Es aterrador pensar que Pot Pot obligó a cualquier persona con conocimientos a renunciar a ellos y a su profesión. "Educar o eliminar", ese era el lema de la construcción del hombre nuevo. El coste fue la eliminación física sistemática de maestros, médicos, abogados… Todo rasgo de civilización occidental. Y en la base de todo ese horror estuvo el resentimiento acumulado contra el conocimiento ilustrado por su incompetencia en los estudios.

Pero no se preocupen, con Pablo estamos a salvo, estudió derecho y politología, y aunque no le sirvan para saber lo que es la separación de poderes, miente y embarra la práctica política como pocos. A la altura de Hater y a la del hombre nuevo. La dialéctica entre educar o eliminar, la ha superado con una nueva tesis: domesticar.

No me pidan cuentas si al ver la cinta sus pesadillas son distintas a las mías. El campo político está tan embarrado hoy día, que en cualquier establo hay estiércol. Eso sí, impolutamente digital.

PS. Supongo que Iván Redondo no habrá inspirado al guionista polaco. Como hay tanto plagio hoy día…

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