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La institutriz y la maestra vendepatrias

No erraba Pablo Casado cuando acusaba a Sánchez de colaborador necesario del golpismo.

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No entiendo esa predisposición a apreciar machismo en cualquier mirada que nos disguste. De tanto abusar del recurso, un día de estos va a pasar como en el cuento del lobo. Al fin y al cabo, la presidenta del Congreso debería asumir que la mezcla de gañanes, buscavidas y rufianes que medran ahí bien se merece una auténtica institutriz que les enseñe maneras.

Pero en lugar de asumirlo con dignidad, redujo el conflicto a una ofensa personal. Equivocación doble: interrumpió la sesión para reprender a la chiquillada por decirse palabrotas y hurtó a toda la ciudadanía la contestación de Borrell a la rufianesca. Empeñada en huir del apelativo de institutriz, se ganó de un plumazo el de señorita Rottenmeier.

Se equivocó como presidenta y como institutriz. ¿Quién es Ana Pastor para discernir insulto de descripción? Su cometido es presidir el Congreso, no usurpar a la Real Academia Española sus funciones, ni suplantar a Savonarola en cuestiones de buenas costumbres. Aún menos, maquillar la historia borrando el nominalismo adolescente de este tiempo narcisista.

No ,señora equidistante: el Congreso de los Diputados no es un paréntesis en la libertad de expresión, sino la catedral de la palabra. Con todas sus consecuencias. ¿O qué otro es el sentido histórico del aforamiento de los diputados? Blindarlos ante cualquier otro poder que los pudiera silenciar. Cosas de la historia en desuso que usted volvió a actualizar ayer, al prohibir en adelante llamar "golpista" o "fascista" al adversario.

Si nos quita el lenguaje que define los hechos, señora, ¿cómo nos referiremos al delito de rebelión? ¿Prohibirá utilizar la matraca de los "presos políticos" a la rufianesca, y negará la palabra al líder de su partido cada vez que se refiera a la DUI (Declaración Unilateral de Independencia)?

No estuvo mejor el día anterior la ministra de Educación, Isabel Celaá, al ceder a la Generalidad de Cataluña el poder para gestionar a su único criterio la presencia del castellano en las aulas. Como premio, dijo, por la "lealtad institucional" de Quim Torra. ¿Qué se ha tomado esta señora? ¿Cuándo, a lo largo de estos últimos 40 años, ha habido respeto o lealtad institucional a los derechos lingüísticos de los hispanohablantes en Cataluña? Ni lealtad ni respeto; sólo prevaricación. Docenas de sentencias judiciales a lo largo de los años, y ninguna respetada. Esto no es ignorancia, sólo puede ser mala fe y mucho cinismo.

¿Alguien cree que, en el siglo XXI, una nación europea como España se destruye con tanques? No creo que el PSOE sea uno de ellos. Pero entonces, si sabe que hoy el combate se libra en las mentes y el campo de batalla son la escuela y los medios, ¿por qué entrega las mejores armas al enemigo?

No erraba Pablo Casado cuando acusaba a Sánchez de colaborador necesario del golpismo. Porque hoy, cualquier cesión al nacionalismo es idéntica a lo que sería que el alto mando del Ejército fuera cediendo armas y planos de su posición al enemigo, con la intención de convencerle de nuestras buenas intenciones y la esperanza de que retrasase el ataque una semana más.

Pedro Sánchez es el Señor X que está detrás de tanta inmundicia. Deja a su ministro Borrell a los pies de los caballos por no molestar a los rufianes. Con su asalto a los cielos, está derribando las columnas que sostienen la tierra de nuestra nación. Ha convertido la política en mera ambición, las normas en decretos, y disuelto toda frontera entre los que sostienen valores constitucionales y los que los pisotean cada día. Cuando se pierde toda vergüenza, todo reparo, y la respiración asistida depende de almas podridas capaces de gritar "¡Ortega Lara, vuelve al zulo!", un escalofrío nos advierte de la presencia de un político que ha vendido su alma al diablo por un puto Falcon.

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