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Lopetegui descompuso al Madrid

El entrenador del Real Madrid acabó ayer con una leyenda que ha llevado a creer que el Madrid no juega finales, las gana

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Julen Lopetegui. | EFE

Lopetegui descompuso ayer al Madrid. La final no la perdieron los jugadores, sino el esquema mental de Lopetegui. Elijan el sinónimo que prefieran: descuadró, desmontó, desarboló, desarmó, deshizo… Se añoró a Zidane. No así a Ronaldo (a salvo su profesionalidad y su capacidad goleadora). Por fin el Madrid no estaba secuestrado por un adonis eternamente adolescente que dañaba la clase del Madrid en contraste con la de Zidane. Aunque los más impacientes empiecen a exigir ya a un nuevo Killer.

La salida de Ronaldo daba oportunidad a Lopetegui de hacer un equipo. Ya no había un capo que impusiera el modelo de juego adecuado a su narcisismo. Una noticia formidable para el Madrid. Y así pareció suceder hasta el primer cambio de Marco Asensio por Modric al principio del segundo tiempo. Un error de bulto que se sumó al modelo de fútbol que pretende imponer. El de la selección española del tiki taka del último mundial, que aburre hasta a las ovejas.

Por entonces ganaba el Madrid 2-1, la final encarrilada y un Asensio que ya había demostrado con un tacoñazo a dos metros del portero, y una arrancada de búfalo desde el medio campo finalizada con un tiro curvado al palo izquierdo de la portería del Atlético, que hará olvidar a Ronaldo. Sólo hay que dejar que lo demuestre. Es más joven, tiene la fuerza y rapidez de un toro y un repertorio de golosinas insospechado. Incluso para él mismo. Esos dos instantes mágicos pudieron ser goles.

En el fútbol, la diferencia del "gol" del "no gol", no debería sobrevalorarse cuando se ha firmado por adelantado la genialidad, porque, al fin y al cabo, demasiadas veces, cuando todo se ha hecho bien, la diferencia del gol del no gol es la fortuna. Y en estas dos ocasiones, faltó. ¿Por qué retirar a quien iba camino de encontrarla? ¿Por qué retirar de una final a un rapaz que puede jugar en la delantera y organizar o defender en el centro si el partido lo requiere, y tiene más reserva física que la mayoría de sus compañeros?

Lopetegui podía haber cambiado a Casemiro (muy gris) por Modric (siempre imprescindible), o no tocar a un equipo que hasta ese momento funcionaba como un reloj. Pero el concepto del fútbol en Lopetegui tiende al tiki taka, y el peso de ese modelo se notó en la frivolidad de Marcelo cuando el balón salía por la banda con ventaja para el Madrid, causa del segundo gol del Atlético, y en el pase corto de Varane a un compañero de espaldas a la portería y acosado por jugadores de Simeone. Causa del tercero. Los dos, al borde del área del Madrid.

Dos errores de concepto, no forzados, sino impuestos por ese fundamentalismo del toque al pie en cualquier circunstancia, cuando el patadón en determinados instantes de agobio o salida arriesgada es pura necesidad para volver a coger aire.

A partir de la salida de Asensio, ningún otro cambio hizo mejor al Madrid. Lopetegui se quedó sin gasolina en la delantera con un Bale y Benzema agotados, desbarató el centro del campo con un nuevo error táctico, sacar a Kroos, y quedó a merced de un Cholo Simeone acertadísimo.

La virtud que vimos ayer en este nuevo Madrid fue la frescura que mostraron Bale y Benzema al verse liberados del egocentrismo de Ronaldo, y la esperanza de que el Madrid sea un equipo y no diez hombres al servicio de un adolescente inmaduro. El deporte es un modelo para la juventud, y el narcisismo no es precisamente la mejor enseñanza de un juego que ha demostrado crear empatía, compañerismo, solidaridad en millones de niños que juegan cada día fuera de los estadios.

Lopetegui acabó ayer con una leyenda que ha llevado a creer que el Madrid no juega finales, las gana. Bueno, pues después de 13 seguidas desde el año 2.000, Lopetegui ha acabado con ella. Y me temo que también con la garra. Exactamente la que siguió demostrando el Cholo Simeone y que le dio la victoria al Atlético. Ya era hora, se la merecían después de tantos infortunios con su rival histórico.

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