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Con la democracia no se juega

Pretenden levantar un muro entre Cataluña y el resto de España, ante la atónita mirada de los europeos que han dedicado tanto trabajo y esfuerzo para derribarlos.

Carina Mejías
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Hoy, miles de ciudadanos en todo el mundo celebrarán un acontecimiento histórico para la humanidad: el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín, que dividió a los alemanes y dejó a Europa entera partida en dos. En Cataluña, hoy algunos ciudadanos darán apariencia de democracia a los votos con los que pretenden levantar un muro entre Cataluña y el resto de España, ante la atónita mirada de los europeos que han dedicado tanto trabajo y esfuerzo para derribarlos.

Una ficción democrática con la que pretenden dar legitimidad a un proyecto insolidario, populista, basado en la desinformación y la mentira, la propaganda y el adoctrinamiento, y cuyo objetivo es profundamente inmoral.

Insolidario porque el lema "España nos roba" ha sido la mejor excusa para justificar las razones por las que blindar privilegios económicos, siempre con la idea de que quien tiene más dinero tiene más derechos, y además no tiene por qué compartirlo. La lucha contra la desigualdad, la solidaridad entre pueblos o la redistribución de la riqueza son solo eslóganes trasnochados, cuya obligación solo concierne a otros.

Un proyecto populista porque han prometido sin pudor lo que no pueden cumplir, una suerte de Arcadia feliz para ganar la confianza de los desencantados, pero omitiendo de forma malintencionada las graves consecuencias que tendrá para el futuro de los catalanes romper con España y aparecer ante Europa como traidores a un pacto democrático construido para vivir en libertad.

No han reparado en gastos para fabricar su propaganda inmoral, utilizando los medios públicos pagados con dinero de todos para emitir sus mensajes sectarios y adoctrinar hasta la exasperación; han forrado las calles de carteles con mentiras, con promesas idílicas del país nuevo que van a construir, sin reparar en lo que destruyen. En su huida hacia adelante, han dejado lamentables ejemplos antidemocráticos, propios de sociedades totalitarias e intolerantes, llamamientos a la desobediencia, comportamientos desleales, actitudes sediciosas o amenazas de golpes contra la Constitución.

De todas las actitudes que hemos tenido que soportar estos días hay una profundamente inmoral, y es que se han creído con derecho a manipular las emociones y a jugar con las ilusiones de la gente, para cavar una grieta sentimental a fuerza de sembrar desavenencias y levantar sospechas en ese frágil y difícil entramado que es la convivencia entre catalanes y el resto de españoles.

Nadie tiene derecho a pedirnos que participemos de una estafa política con la que pretenden arrastrarnos a la indignidad democrática. Por nuestra firme convicción como demócratas, no debemos permitir que se juegue con la democracia para usarla con fines perversos.

Los demócratas siempre queremos votar, y lo hacemos habitualmente en cada una de las convocatorias electorales a las que se nos llama acatando las reglas del juego, y así lo haremos cuando el fracaso político no deje otra salida a Artur Mas que convocar unas elecciones autonómicas que nos den la oportunidad de cambiar el actual estado de cosas y construir una alternativa política que nos devuelva nuestra dignidad democrática y la estabilidad política que nunca debimos perder.

Cataluña lleva una década perdida. Diez años perdidos en errores políticos que se iniciaron con la negociación de un nuevo estatuto que nadie pedía en 2004 y cuyas consecuencias se han ido arrastrando hasta hoy. El 9-N debe ser el punto y final de esta burla, de una estafa política y democrática que ha cebado las desavenencias, la tensión política y la parálisis económica y que ha provocado una progresiva decadencia, una lenta agonía que nos arrastra y que se hace ya insufrible. Ha llegado la hora de reconciliar a los catalanes entre sí y con el resto de españoles, tender puentes con el Gobierno de España, recuperar el prestigio, la confianza y ponernos a trabajar por el bien de todos. Aquí también deberíamos celebrar que cayó el muro y que nunca se volverá a levantar.


Carina Mejías, diputada en el Parlamento autonómico de Cataluña por Ciudadanos.

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