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Carlos Rodríguez Braun

Mercado o protección

El predominio del colectivismo se observa en la anulación conceptual del individuo libre, doble característica negada por incompatibilidad manifiesta: para ser individuos no podemos ser libres, y para ser libres no podemos ser individuos.

Carlos Rodríguez Braun
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 En páginas de información de El País escribió Andreu Missé:
¿Europa es sólo un mercado o es también un espacio de protección social? ¿Las relaciones laborales deben establecerse entre el trabajador de manera individual y el empresario como si tuvieran igual capacidad para negociar o deben fijarse de manera colectiva?
El predominio del colectivismo se observa en la anulación conceptual del individuo libre, doble característica negada por incompatibilidad manifiesta: para ser individuos no podemos ser libres, y para ser libres no podemos ser individuos.

Así se explica el papel animista de entidades colectivas gobernadas políticamente. Por ejemplo, "Europa", algo bueno, que tiene vida propia y a la que jamás cabe interpretar como protagonizada por personas libres. Al contrario, esas personas libres, como contratan voluntariamente en mercados, están desprotegidas. La protección sólo es concebida como coacción política, y de ahí la notable primera frase de Missé, que revela su oposición a que Europa sea "sólo un mercado", es decir, no puede estar protagonizada por mujeres y hombres libres, y por tanto indefensos en la medida en que no estén bajo la protección "social", evanescente y cálida expresión que a nadie engaña, porque todos sabemos que quiere decir "política". Para ser personas, pues, los individuos no podemos ser libres y necesitamos la coacción pública.

Pero además ¿qué clase de libertad es la de las gallinas ante la zorra? Esta vieja metáfora es repescada por don Andreu aplicándola a uno de los más antiguos ejemplos del antiliberal derecho tuitivo. Es patente que Missé cree que un trabajador y un empresario libres no pueden contratar voluntariamente, porque no tienen igual capacidad para negociar. Este viejo camelo es una potente base para aniquilar la libertad, y ha sido aplaudido por muchos que no han reflexionado sobre su letal consecuencia: con la excusa de que no son los trabajadores igualmente libres que los empresarios, se sometió a todos al poder del Estado. Es un poder, por supuesto, mucho más opresor que el de cualquier sindicato o cualquier confederación de empresarios. Y es tanto más opresor cuanto menos cuestionado sea y cuantas más voces compartan la falacia de que para ser libres, las personas no podemos ser individuos.

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