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Carmelo Jordá

Ese PSOE que jamás pactaría con la derecha

El PSE no evita males ajenos sino que busca poltronas. “No” era “no”… hasta que hubo consejerías encima de la mesa.

Carmelo Jordá
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No hay partido con una tradición más de derechas en Europa Occidental que el PNV, que quizá se haya suavizado algo en estos tiempos de corrección política, pero si te ha creado un psicópata prenazi, racista y cuya máxima era "Dios, Patria y Leyes Viejas", muy centrorreformista no puedes ser.

Por otro lado, tampoco es que ese partido que se ha pasado décadas recogiendo las nueces que hacían caer los tiros en la nuca y las bombas lapa me parezca que pueda pasar como referente de la izquierda –bueno, referente lo que se dice referente, ni de la izquierda ni de nada–. El caso es que, nos pongamos como nos pongamos, el PNV no es otra cosa que una derecha localista, bastante retrógrada y más bien carca, y es con esa derecha con la que ha pactado el PSE, uno de los puntales de aquel PSOE sanchista del no-es-no-es-no. Y punto, como diría otra Sánchez, de nombre Tania.

Los socialistas no podían ni tocar a un partido de derechas, ni abstenerse siquiera, sin verse contaminados por la insoportable derechitud de los populares, culpables del pecado nefando de su propia existencia y de todos los males que castigan a la humanidad desde que Adán y Eva mordiesen la manzana. Pero por lo visto esos mismos socialistas que estaban detrás de Sánchez huyendo con repugnancia de Rajoy sí pueden holgar en el pacto con el partido de Sabino Arana, independentistas, para más señas, esos que presumen de haber estado, y estar, en contra de la Constitución.

Conste que últimamente me siento especialmente generoso y estaba incluso dispuesto a creer que el PSE había accedido a pactar con el PNV para evitar lo que podría haber sido un mal objetivamente mayor, que los de Urkullu se hubiesen tenido que apoyar en los bildutarras, dando inicio a una escalada soberanista que ciertamente habría resultado muy peligrosa.

Pero, claro, uno ve después los términos del acuerdo y se da cuenta de que no, de que el PSE no evita males ajenos sino que busca poltronas, de que una cosa es sacrificarse y otra es venderse completamente para pillar un poco de poder.

"No" era "no"… hasta que hubo consejerías encima de la mesa.

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