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Irene Montero, ¿referente feminista?

Pero si su trayectoria no avala su cargo parlamentario, hay otra cosa que aún resulta más estupefaciente: que sea considerada un referente feminista.

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Montero, en una imagen de archivo. | EFE

Tras su reciente y complicada maternidad –por cierto, me alegro de que todo esté saliendo bien– Irene Montero volvió a la vida pública y política en un estupefaciente acto para mujeres y sólo con mujeres en el que hizo un discurso literalmente lacrimógeno ante 500 féminas entusiasmadas.

Ahora que vuelve de su baja maternal y más allá de la opinión que nos merezcan las opiniones políticas de Montero, parece razonable preguntarse si el currículum vitae de la portavoz parlamentaria de Unidos Podemos es suficiente como para ostentar un cargo tan importante. Yo, personalmente, creo que no: en primer lugar porque antes de ser diputada en 2016 no tenía experiencia en ningún cargo público, pero es que además en sus jovencísimos 30 años tampoco ha tenido tiempo de acumular experiencia alguna en el ámbito privado que, al menos, le hubiese hecho ampliar sus horizontes mentales o, dicho de una forma un poco más directa, enterarse un poco de qué va el mundo.

Pero si su trayectoria vital y profesional no avala a priori el cargo parlamentario del que disfruta, hay otra cosa que aún resulta más estupefaciente respecto de Irene Montero: que sea considerada un referente feminista.

¿Por qué? ¿Qué la convierte en tal cosa? ¿Qué injusticias ha sufrido y superado o ha ayudado a superar a otras mujeres? ¿Qué obra intelectual ha entregado a la sociedad que haya removido nuestras conciencias o hayan obligado a realizar cambios institucionales o legales de algún tipo? ¿En qué puede ser un ejemplo o un referente para las jóvenes de hoy día?

No, no parece que Irene Montero haya sufrido discriminación alguna por ser mujer y, si bien esto no debe extrañarnos mucho ya que tampoco tenía un préstamo de vivienda cuando era miembro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, da la sensación de que le ha pasado más bien lo contrario: cualquier observador imparcial puede como mínimo sospechar que, precisamente su condición de mujer y además joven y además guapa, ha sido una parte significativa de su éxito en la política.

Sí, es posible que el hecho de que se haya convertido en el número tres de un partido en el que el líder indiscutible es su pareja y padre de sus hijos sea casualidad, pero amén de que visto lo escuálido de su CV sería mucha casualidad, en cualquier otro partido y cualquier otra pareja habría tenido un poco de pudor para no dar lugar a la obvia sospecha, un sentimiento del que es obvio que los orgullosos propietarios del chalé de Galapagar carecen.

Es cierto que si algo ha caracterizado a los dirigentes de Podemos es la brutal incoherencia entre sus discursos y sus propias vidas: eran afectados por la hipoteca sin hipoteca, juventud sin futuro que ha tenido un futuro la mar de confortable y exitoso, "los de abajo" en familias de clase media-alta o directamente muy alta y, como en el caso de Montero, feministas que se han ligado al jefe y, oh casualidad, han ascendido en el trabajo.

Eso sí, igual que les digo una cosa les digo esta otra: está el feminismo en general y el español en particular a un nivel en el que hay reconocer que Irene Montero sí puede ser un referente feminista. Ella y Doña Rogelia si fuese preciso.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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