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Carmelo Jordá

Maleni: antes con pisos que doblá

Con tantas cuentas y casas, a esta no la dobla cualquier cosa.

Carmelo Jordá
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Con tantas cuentas y casas, a esta no la dobla cualquier cosa.

Maleni, ay mi Maleni cuánto te echamos de menos, qué juego nos daban a los periodistas tus agudas frases, siempre tan educadas y con ese fino humor inglés que nos dejaba a todos al borde de la catenaria.

Maleni ha abandonado nuestras vidas y se nos ha ido a hacer fortuna –y pocas veces mejor dicho– a un banco en Luxemburgo en el que los muy ingratos no están contentos de tener una mujer tan experta en la redistribución de los recursos públicos, ERE mediante.

Nos ha abandonado la reportera más dicharachera del telediario de Iñaki, decíamos, pero no se ha ido del todo o, al menos, ha dejado un poquito de sí misma con nosotros: sus pisos y sus cuentas corrientes.

Y también unos asuntillos pendientes con la Justicia, personificada en esa juez Alaya a la que sólo le falta aparecer con una balanza y un espadón para ser la misma representación de la diosa Iustitia.

Decía Maleni en una de sus disertaciones filosóficas más agudas que ella era de las de "antes partía que doblá", pero gracias a Alaya y sus implacables autos ahora sabemos que más que partía nuestra buena Maleni estaba forrá, con un piso en casi cada ciudad a la que su ajetreada vida política le ha llevado: Málaga, Benalmádena, Sevilla y Madrid, lo que podía parecer mucho para un servidor público, pero es que mi Maleni es muy de su casa y ya se sabe que como en casa en ninguna parte. Y además tiene seis cuentas corrientes de nada, como cualquier asalariado normalito, ejem.

Yo imagino que esta pequeña fortuna de mi Maleni, realmente ridícula para los méritos que atesora esta sagaz y refinada mujer –consejera, ministra, reportera de ocasión–, tiene una explicación perfectamente lógica, más allá de lo que ustedes, malpensadísimos lectores, están pensando.

Como imagino también que la búsqueda que ha ordenado Alaya de otros bienes y cuentas dará resultado negativo, porque una cosa es que una sea hogareña y necesite tener una casa propia allá donde viva, que el alquiler no es lo mismo, y otra muy distinta que, siendo representante del pueblo y casi carne misma del pueblo, se vaya llenando el mapa de pisitos y chalecitos.

Pero más allá de la procedencia de ese patrimonio que ahora se nos descubre para nuestra sorpresa –o no–, lo que sí es un placer es descubrir a un político diciendo la verdad: con tantas cuentas y casas, a esta no la dobla cualquier cosa. Eso sí, a ver si ahora no la parte la Iustitia-Alaya, con un mandoble en forma de fianza.

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