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Carmelo Jordá

Mientes, Artur, y lo sabes

La peor mentira es cómo se está tratando de vestir de proceso democrático lo que es una sucesión de cacicadas partidistas.

Carmelo Jordá
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La peor mentira es cómo se está tratando de vestir de proceso democrático lo que es una sucesión de cacicadas partidistas.
EFE

Si algo no se le puede reprochar a Artur Mas es su disposición a ofrecer largas ruedas de prensa, en las que acepta docenas de preguntas. Una vez en faena, sí se le podría recriminar el trato ridículo y por momentos vejatorio que da a los periodistas que quieren alguna respuesta en castellano; y, sobre todo, que para encontrar una verdad entre sus larguísimos parlamentos hay que buscar con lupa… con una de muchos aumentos.

Tomemos por ejemplo su plúmbea comparecencia de este martes: Mas miente cuando dice que sólo busca mejorar la vida de los catalanes; cuando dice que esa vida mejor está directamente relacionada con más autogobierno; cuando dibuja una Cataluña sistemáticamente maltratada y menospreciada por España; cuando vende estas elecciones como algo completamente legal pero explica que su propósito real no es el único por el que está autorizado a convocar, sino otro muy distinto que está lejísimos de sus competencias…

En fin, que Mas ha mentido en casi todo: quizá sólo ha dicho la verdad en el momento en el que ha reconocido que ha creado "muchísimos impuestos".

La peor mentira, no obstante, es cómo se está tratando de vestir de proceso democrático lo que es una sucesión de cacicadas partidistas, para las que se ha contado con todo el dinero de los impuestos de los catalanes, independentistas o no, y el de muchos españoles que tenemos poco o ningún interés en que se divida esta nación que, con sus muchos defectos y sus no pocas virtudes, es la nuestra.

Pero lo más divertido de todo es constatar que Mas ha puesto al servicio del independentismo las instituciones que deberían ser de todos, los medios de comunicación públicos y los no públicos, la educación (incluyendo hasta los edificios de los institutos el 9-N), la cultura subvencionada, un partido y una coalición que han estallado en el proceso… y a pesar de ello se conforma con un resultado por la mínima para seguir el camino a la independencia.

Tan por la mínima que ha afirmado que le bastará una mayoría absoluta parlamentaria que puede obtenerse con un porcentaje de votos muy inferior al 50%. ¿Es eso un nación que clama por ser libre? ¿Es esa la amplia mayoría social que reclama la independencia? No, Artur, mientes y lo sabes: eso es hacer pasar a la mitad o más de la mitad de la sociedad por un trágala sobre el que quizá se pueda construir un régimen, pero no una nación de ciudadanos libres.

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