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Carmelo Jordá

Ponga un agricultó en su mesa

Mónica Oltra ha dejado que un agricultor haga el ridículo en público para sacar tajada política. Debería darle vergüenza.

Carmelo Jordá
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Mónica Oltra ha dejado que un agricultor haga el ridículo en público para sacar tajada política. Debería darle vergüenza.
Cordon Press

Estoy seguro de que Vicent Martí, el agricultor que ofició de presentador de Mónica Oltra el pasado martes, es un buen hombre y tiene la mejor de las intenciones, pero obviamente no es un orador, ni alguien con un background cultural o político que le haga idóneo para soltarse un discurso delante de políticos, empresarios y periodistas.

Ya sé, y Mónica Oltra también lo sabe, que hoy en día hay un antielitismo que premia todo aquello que parezca chabacano y carente de calidad, siempre que resulte lo suficientemente antisistema y que transmita bastante odio contra los ricos, la derecha, los españoles o lo que corresponda en cada momento.

Vicent parece quedarse muy a gusto con su parrafada inconexa, surrealista por momentos, pero ¿a quién creen ustedes que habrá podido convencer? ¿Alguien piensa que los malvados empresarios y los villanos políticos y banqueros que le escuchaban habrán tenido un aldabonazo en sus conciencias y habrán corrido a afiliarse a Compromís o a Podemos?

No, porque el agricultor seguro que es un gran profesional en lo suyo, pero nadie –y desde luego no Mónica Oltra, que es la que debería haberlo hecho– le ha explicado que no todos valemos para todo y que lo suyo no es hablar, lo suyo no es convencer.

Por supuesto, un periodista no es mejor que un agricultor –de hecho, entre ustedes y yo, muchos son peores–, pero a mí no se me ocurre ir a decirle a Vicent qué tiene que echar a sus tomates o la forma de cuidar sus naranjas, o lo que el buen hombre tenga en sus tierras, como tampoco tengo ninguna intención de exigir mi derecho a coger una azada. Sin embargo, seguiré escribiendo y participando en tertulias, que son las cosas que modestamente creo que se me dan razonablemente bien.

La culpa del ridículo que ha protagonizado Vicent –comparable al que haría yo en un campo de naranjos– no es por supuesto del bienintencionado agricultor, sino del político que presume de amigo de los pobres pero en realidad se limita a usarlos.

Cuando las familias acomodadas ponían un pobre a su mesa en fechas señaladas, el pobre comía, sí, pero los que verdaderamente quedaban satisfechos con el trato eran los que exhibían su caridad y tranquilizaban su conciencia por cuatro perras. Mónica Oltra puso a un agricultó en su mesa y le dejó hacer el ridículo, con ello conseguirá alguna atención, unos pocos titulares y darse un baño de pueblo, tal y como han hecho siempre los demagogos que se servían del pueblo, pero no cuela, Mónica, y debería darte vergüenza.

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