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Carmelo Jordá

SoraYA la de CatalunYA

Los últimos episodios del desastre catalán, que son los peores, son en gran parte responsabilidad de Soraya Sáenz de Santamaría.

Carmelo Jordá
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Los últimos episodios del desastre catalán, que son los peores, son en gran parte responsabilidad de Soraya Sáenz de Santamaría.
La vicepresidenta de Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría | EFE

Anda Soraya Sáenz de Santamaría haciendo campaña para presidir el PP y lo hace, amén de en ceremonias báquico-karaokeras, prometiendo a los afiliados populares una victoria electoral que la propia interesada da por segura, no sabemos muy bien por qué, ya que hasta la fecha la exvicepresidenta no se ha presentado nunca como cabeza electoral ni a las municipales del Villaminganillo del Río, en caso de que exista tan noble localidad.

Sáenz de Santamaría habla mucho en su campaña de su futura victoria electoral o de la unión del partido, pero mucho menos de ideas, como por otra parte es lógico: a la candidata no se la ha visto nunca en proximidad de una idea, un valor o un principio.

De lo que no habla nada, y eso es realmente curioso según se mire, es de lo que debería ser su gran aval para presentarse como la solución al embolado en el que está metido el PP:su experiencia y su gestión como vicepresidenta durante casi siete años y como mano derecha parlamentaria de Rajoy durante otros cuatro.

¿Y por qué no habla la exvicepresidenta de su gestión? Pues por una razón sencilla: porque todo lo que ha tocado ha sido un desastre mayúsculo. Pongamos ejemplos: Soraya es la máxima responsable del dibujo de un mapa mediático que es el peor de la historia para España y el más antiPP. A ella debemos agradecerle todos –pero especialmente el PP– la supervivencia de Prisa, el duopolio televisivo y el poder de los Ferreras, las Pastor y los Évole. Enhorabuena, SoraYA.

Ha sido también la responsable de aquella operación Diálogo que ustedes recordarán y para la que hasta le abrieron un despacho en Barcelona, ciudad a la que viajaba a que Junqueras le sobeteara los hombros y para inaugurar periódicos, pero sólo aquellos que escriben ny en lugar de ñ; periódicos nacionalistas o exquisitamente equidistantes, pero nunca españolistas, periódicos hipersubvencionados, periódicos de CatalunYA, que son los que le gustan a SoraYA.

Ha sido, sobre todo, la responsable de que se hayan celebrado no uno sino dos referéndums ilegales y de que el segundo fuese parte esencial del golpe más peligroso contra la integridad territorial de España en un par de siglos. Ella es la responsable del CNI que antes del 1-O nos aseguraba campanuda que la votación no se iba a celebrar, pero no nos podía contar cómo lo iba a impedir. Ahora sabemos que callaba porque no tenía ni puñetera idea de cómo impedirlo.

Y también ha sido, no lo olvidemos, la presidenta de la Generalidad del 155, que no ha sido capaz de dar una mínima sensación de presencia del Estado, que no ha hecho sino ceder más y más terreno a una horda separatista que ha seguido usando los medios, las autopistas y las calles e incluso los organismos oficiales para seguir con el golpe, mientras la presidenta de la Generalidad no hacía nada.

Los últimos episodios del desastre catalán, que son los peores, son en gran parte responsabilidad de Soraya Sáenz de Santamaría. Y esta es una culpa tan grave que sin duda pasará a la historia por ello: SoraYA, como escribe ahora en su torpe pseudocampaña electoral, es y será para siempre la que hizo todo lo posible para que CatalunYA no volviese a escribirse con Ñ.

Lo que es inconcebible, y jamás pasaría en un país sano ni en un partido sano, es que alguien con ese bagaje se presente a nada.

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