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Carmelo Jordá

UGT y el sindichoriceo

Lo que estos escándalos nos demuestran es la normalidad desde la que se afronta el robo: yo te inflo esta factura a ti, tú me pagas este bote a mí…

Carmelo Jordá
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Lo que estos escándalos nos demuestran es la normalidad desde la que se afronta el robo: yo te inflo esta factura a ti, tú me pagas este bote a mí…

Mientras Cándido Méndez está entretenidísimo mirando hacia otro lado, las noticias sobre las facturas falsas que expendía UGT se multiplican a un ritmo incluso mayor que las detenciones de destacados sindicalistas implicados en la cada vez más oscura, pero más clarificada, trama de los ERE andaluces.

Dos casos que han coincidido, que al parecer están relacionados, y sobre todo que han servido, o deberían servir, para que todos fuésemos conscientes por fin de el verdadero papel que los dos grandes sindicatos desempeñan en el actual panorama español: un engranaje más de la gran maquinaria destinada a transferir el dinero desde el bolsillo de los trabajadores a estructuras de poder como ellos mismos, lobbies o grupos de interés.

Y, por supuesto, también a algunas cuentas en Suiza o, en versión chungo-obreril, a bolsas de basura escondidas por armarios o enterradas en el jardín a la espera de convertirse en vacas pa asar.

Más allá de las cantidades, que al final, sumando sumando, facturita a facturita, tampoco estarán nada mal, lo que estos escándalos nos demuestran es la normalidad desde la que se afronta el robo: yo te inflo esta factura a ti, tú me pagas este bote a mí… Es el sindichoriceo: la última moda.

Un sistema en el que ciertos líderes que no paran de dar clases de pureza democrática se mueven como peces en el agua, peces que además no parecen molestarse mucho por que el líquido elemento esté estancado y putrefacto: incluso aceptando que sean unos pocos desalmados los que roben, aquí no se ha oído chistar a nadie, no se han abierto investigaciones internas y, por supuesto, no ha dimitido ni el tato.

Oiga, es que ni siquiera el que mandaba al "presidente" del Banco de España "a su puta casa" ha dicho esta boca es mía, qué gran referente moral se está perdiendo y qué grandes lesiones cervicales se están generando de tanto torcer el cuello para no ver y de tanto esconder la cabeza bajo tierra para no tener que hablar.

Pero no seamos duros con los preclaros líderes del sindichoriceo nacional porque tampoco es cosa de demonizar a nadie: el sindichoriceo es la consecuencia lógica de cómo se ha gestado el sistema y, sobre todo, de un sindicalismo que en lugar de pasar por las cuotas de los afiliados pasa por subvencionar todo lo subvencionable, y parte de lo que no, y, como hemos visto, fondos de formación a cuenta de los cuales lo que se forman son chorizadas de mayor o menor importancia.

Nunca he creído que los sindicatos sirviesen de verdad para defender esa entelequia llamada derechos de los trabajadores, pero ahora está claro que lo que se hace es otra cosa: no puedes defender a alguien y al mismo tiempo estar robándole.

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