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El compromiso de Sánchez

Es de agradecer el anuncio de Sánchez de que no habrá unas terceras elecciones. Pero no deja de ser una declaración de intenciones.

Cayetano González
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El secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno se comprometió el pasado viernes en un foro empresarial celebrado en Sitges a que, sea cual sea el resultado que arrojen las urnas el próximo 26 de junio, "no habrá unas terceras elecciones". Un compromiso que no está del todo en su mano cumplir; y, dependiendo de cuál sea el resultado que obtenga su partido, habrá que ver si es él quien tiene la última palabra a la hora de decidir qué tipo de pactos se hacen. Pero al menos ya se sabe que Sánchez no tiene intención de que los españoles volvamos a votar en Navidad. Algo vamos avanzando.

Tengo para mí que lo que más le preocupa a Sánchez no es tanto esa posibilidad de unas terceras elecciones generales en un año, sino cómo va a salir su partido del 26-J. Porque del 20-D salió muy tocado, tras obtener el peor resultado de su historia. A pesar de ello, y cuando muchos, fuera y, sobre todo, dentro de su partido le daban por muerto, Sánchez se rehizo y, gracias también a la negativa de Rajoy de aceptar el ofrecimiento del Rey para ir a una investidura, supo aprovechar su oportunidad, hacer un pacto con Ciudadanos y ser quien llevara la iniciativa política durante un tiempo. A efectos prácticos, de poco le sirvió, pero al menos ganó la batalla interna dentro de su partido. Ahora le llega lo que seguramente será su última oportunidad.

En lo que se refiere al PSOE, hay dos escenarios posibles: que la coalición Podemos-IU le supere no sólo en votos sino, sobre todo, en escaños o que el partido del verdadero Pablo Iglesias siga siendo el más votado de la izquierda. Si hay sorpasso, lo lógico es que en la misma noche electoral Sánchez dimita, por lo civil o por lo militar. Es decir, o se va voluntariamente o le echan los suyos. Un PSOE como tercera fuerza necesitaría un periodo largo para rehacerse, elegir nuevo líder, reelaborar el discurso ideológico. El mejor y casi único lugar para ello es la oposición, por lo que la única duda que quedaría es, si a tenor de lo dicho por Sánchez en Sitges, el PSOE dejaría que gobernara la lista más votada, muy probablemente la del PP, con su abstención en la investidura del candidato popular a la Presidencia del Gobierno.

En el segundo supuesto, el de un PSOE por delante de Podemos-IU, Sánchez intentaría hacer un Gobierno de izquierdas saltándose la parada técnica de pactar con Ciudadanos. A tenor de la suma de escaños que diera ese pacto, muy probablemente seguiría necesitando el apoyo de los diputados del PNV y la abstención de los independentistas catalanes. En este segundo escenario, habría que ver si la actitud de Iglesias y los suyos volvería a ser la misma que después del 20-D o si flexibilizarían sus exigencias para entrar en el Gobierno. Y también si los barones dejarían a Sánchez hacer un pacto con Iglesias y Garzón.

En definitiva, es de agradecer el anuncio de Sánchez de que no habrá unas terceras elecciones. Pero no deja de ser una declaración de intenciones. Ni está del todo en su mano evitarlas ni a día de hoy se puede asegurar que seguirá al frente del PSOE el 27-J; y, sobre todo, que ya hemos oído a Sánchez y al resto de los candidatos decir muchísimas cosas que luego no solamente no cumplen, es que hacen todo lo contrario, por lo que su credibilidad es muy escasa.

De ahí que haya que esperar a los resultados y confiar en que, efectivamente, no nos hagan volver a votar en Navidad.

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