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¿ETA derrotada?

Las víctimas del terrorismo están desoladas, y tienen motivos para ello.

Cayetano González
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Después de la vergonzosa y humillante reunión de asesinos de ETA del pasado sábado en el antiguo matadero de Durango, propondría que a todo aquel dirigente político o columnista que siga afirmando que ETA ha sido derrotada por la democracia y por el Estado de Derecho se le declare incapacitado, intelectualmente hablando, para ejercer la política o el periodismo de opinión, o que al menos se le dé el título de "bobo solemne", en acertada definición que en su día Rajoy hizo de Zapatero. Y aspirantes a ambas cosas los hay tanto en el Gobierno –el ministro del Interior sin ir más lejos– como en el PP o en el PSOE. También, no crean que no, los encontramos entre los columnistas. Al frente de estos últimos, marcando siempre la pauta de lo que conviene hacer, decir o pensar respecto al final de ETA, el que fuera escribano de Zapatero durante el proceso de negociación política de este con la banda terrorista, el columnista de El País Luis Rodríguez Aizpeolea.

Porque, efectivamente, hace falta empeñarse mucho en negar la realidad para mantener que a día de hoy ETA ha sido derrotada. Lo estaba y de qué manera en el 2004, al acabar los ochos años de los Gobiernos de Aznar. Pero fue entonces cuando Zapatero le insufló un inmenso balón de oxígeno llamado proceso de paz, que tuvo como consecuencia inmediata que la banda terrorista se diera cuenta de que el nuevo inquilino de La Moncloa y el PSOE estaban dispuestos a pagar un precio político si dejaba de matar. Un proceso que Rajoy no quiso cortar cuando llegó al poder, en noviembre de 2011, y que ha seguido durante estos dos años. Todavía no nos han contado qué le transmitió Zapatero al inane ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en la reunión que por espacio de dos horas mantuvieron en enero de 2012 en la sede del ministerio. No lo conocemos, pero no es difícil imaginárselo, en vista de lo que ha ido sucediendo posteriormente.

Lo que estamos viendo y padeciendo en los últimos meses, sobre todo las víctimas del terrorismo, es enormemente cruel, inhumano, injusto, indigno y humillante. Primero fue, por una decisión política del Gobierno de Rajoy, la puesta en libertad de uno de los torturadores/secuestradores de Ortega Lara, Josu Bolinaga, so capa de que tenía una enfermedad terminal. Lleva año y medio en libertad tomando txikitos en Mondragón. Después fue la salida de prisión de 63 terroristas de ETA –algunos con muchos crímenes a sus espaldas– como consecuencia de la derogación por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo de la conocida como Doctrina Parot. Una decisión que fue trabajada desde dentro del propio tribunal por el peón que Zapatero puso en su día, Luis López Guerra, y que el Gobierno de Rajoy no hizo nada por impedir. A pesar de ello, el dúo Fernández Díaz-Gallardón nos dijo a todos los españoles que esa decisión sólo afectaba a una terrorista, a Inés del Río. Pues no, han sido liberados un total de 63 presos de ETA, amén de violadores y asesinos en serie.

También nos dijeron los dos ministros que no se permitirían actos de homenaje ni recibimientos a los etarras excarcelados. Se produjeron y no pasó nada.

Ahora ha sido el acto de la vergüenza en Durango, que ni el Gobierno ni la Justicia han impedido. Por eso el rasgamiento de vestiduras del ministro del Interior o del dirigente, es un decir, del PP vasco Iñaki Oyarzábal ante la celebración del mismo es pura hipocresía. El mal viene de mucho antes, y ninguno de estos dos políticos del PP tiene la más mínima autoridad moral para quejarse ahora, cuando ellos han sido colaboradores necesarios para llegar a la situación en la que nos encontramos.

Las víctimas del terrorismo están desoladas, y tienen motivos para ello. Los españoles de bien que han sabido sufrir junto a ellas el dolor causado por ETA, también. Que en un país supuestamente serio sea posible que sesenta y tres sanguinarios terroristas se reúnan para exigir o pedir algo es una auténtica vergüenza. Que algunos jueces hayan tenido el comportamiento y la celeridad que han demostrado en la suelta de etarras es como para perder toda la confianza en la Justicia.

En fin, pero a pesar de todo tendremos que seguir soportando la memez de que "ETA ha sido derrotada por la democracia". ¡Menuda derrota! Políticamente está más fuerte que nunca, gobernando ya en muchas instituciones del País Vasco y de Navarra y siendo la segunda fuerza política en el Parlamento vasco. Socialmente, ese sórdido conglomerado que algunos llaman "la izquierda abertzale" está muy crecido y siente que ha recuperado la iniciativa. Solo les falta que el Gobierno del PP, con el apoyo del PSOE y de los jueces, saque en los próximos meses de prisión a su particular Nelson Mandela, a Arnaldo Otegui, para dar la batalla final: ganar las elecciones autonómicas al PNV y desde el poder llevar a cabo su proyecto totalitario de una Euskadi socialista e independiente. Tiempo al tiempo.

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