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Cristina Losada

El nacionalismo publicita el discurso del Rey

El nacionalismo vasco no quiere al Jefe del Estado, pero quiere el pufo fiscal. Esa parte de la Constitución no la repudia ni en broma.

Cristina Losada
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Si los nacionalistas se empeñan, conseguirán que el discurso del Rey en Nochebuena concite un interés extraordinario y no el que suele concederse a un ritual que, de tan repetido, que es lo suyo, hace de sonido de fondo mientras se trajina en la cocina y se pone la mesa. Para el nacionalismo, la aparición anual del monarca es una ocasión, y esta gente vive de las ocasiones, de manifestar su irreductible rechazo a España. Este año nos recordó que había que poner la tele a eso de las nueve una carta que el peneuvista Egibar envió a la dirección general de la EiTB conminándola a no emitir el discurso. Mientras gobernó la autonomía el PNV, que fue prácticamente siempre, la televisión vasca nunca conectó con la Zarzuela, por si acaso. Eso cambió en los años de Patxi López. Ahora, los jeltzales, de nuevo arriba, no podían dejar que la retransmisión pasara sin decir ellos ni mu. Entiéndase: cómo iban a permitir que aprovecharan la ocasión, en solitario, los testaferros de ETA que les disputan la hegemonía.

La carta del peneuvista Egibar por fuerza tenía que introducir algún argumento, y así ha resultado ser ella misma un argumento que confirma los problemas que tiene el nacionalismo con la democracia. Decía la misiva que emitir el mensaje del Rey no respeta el valor de la democracia porque la monarquía tiene un "significado negativo" para la mayoría social y política vasca. Cuando el nacionalismo habla de democracia, habla en realidad de plebiscitos, nunca de ese sistema complejo, de equilibrios, contrapesos y garantías, que es la democracia liberal. El nacionalismo no está cómodo con el pluralismo y los derechos individuales. Tampoco lo está con la ley que considera ajena, como la Constitución aprobada por todos los españoles, su monarquía incluida. Sin embargo, está encantado con las disposiciones constitucionales que le convienen, como la que reconoce los "Derechos Históricos" y permite el Concierto. El nacionalismo vasco no quiere al Jefe del Estado, pero quiere el pufo fiscal. Esa parte de la Constitución no la repudia ni en broma.

El discurso real en Nochebuena suscita reacciones políticas como si se tratara de un mensaje definitorio y decisivo en ese campo, cuando no puede serlo. Igual debería imitarse al detalle el neutro y familiar formato que vienen aplicando los británicos, que instituyeron la tradición del mensaje de Navidad, hoy seguida por todas las casas reales de las democracias europeas. En una monarquía constitucional o parlamentaria, el monarca ha de estar fuera de la batalla política por definición.  

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