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Cristina Losada

Feijóo y unas fotos de contrabando

Tengan menos prisa los socialistas: los votantes juzgarán a Feijóo, también por aquel pecado juvenil, en las próximas elecciones.

Cristina Losada
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Tengan menos prisa los socialistas: los votantes juzgarán a Feijóo, también por aquel pecado juvenil, en las próximas elecciones.

El presidente gallego cometió un error de juicio hace 18 años. Se dejó llevar a la compañía de un Marcial Dorado Baúlde, con fama de haber amasado su fortuna en el contrabando de tabaco. Hubo una época en que era fácil, en Galicia, conocer a un contrabandista de aquellos. Podía ser el vecino, el amigo de un amigo, un cliente del bar habitual. Los que traían el preciado Winston de batea en las planeadoras, lanchas mucho más veloces que las de los agentes, estaban muy integrados en la sociedad. Al principio, esa importación de tabaco no fue delito, sino infracción administrativa. Pero, con todo, fue un error de Feijóo entablar relación con un hombre sobre el que gravitaban sospechas de tráficos ilegales. Grave, porque él ya era alto cargo de una consejería de la Xunta y un cargo público ha de mirar mucho con quién sube al barco.

Por entonces, Dorado había sido detenido en dos ocasiones, aunque salió de ambas limpio. Feijóo se fio de amigos que decían que había dejado el contrabando. Sí, eso lo hicieron algunos, pero otros se pasaron al más lucrativo negocio de la fariña. Esto siempre lo negaría Dorado, que confesaba en cambio el asunto del tabaco. Su imagen de honrado contrabandista de los de antes se descompuso cuando apresaron el South Sea con siete toneladas de cocaína. Se le relacionó con la operación y fue condenado a diez años: su primera condena por narcotráfico. Eso sucedió entre 2003 y 2009. Feijóo había roto su trato con él en 1997, tras enterarse de que la justicia le investigaba.

Hay cuatro fotos que testimonian la presencia de Feijóo en un yate de Dorado en 1995. Luego, hay una historia. Esa historia, narrada por El País, presenta a un Feijóo en frecuentes e íntimas relaciones con el contrabandista. Iba a sus casas y sus fiestas, no salía de sus yates y marchaba de viaje con él a Andorra, donde ya se sabe que lavan más blanco. El problema de esta historia es que no sabemos quién la cuenta, aparte de los plumillas. Retrata a Feijóo como amigo, confidente y hasta posible cómplice de un Pablo Escobar arousano. Pero todas las fuentes que aparecen, ¡y por un lateral!, son unos "ex socios". Ex socios de Dorado en el chollo del tabaco, que ignoraban la profesión de Feijóo y se sorprendieron, en 2009, cuando fue elegido presidente de la Xunta. ¿Dónde vivían? Pura curiosidad. Lo esencial es que el periodismo, suponíamos, ofrece datos contrastados.

Dejemos las historias, con su contrabando frívolo, a un lado. La cuestión seria es si el presidente Feijóo debe dimitir por el error de juicio que cometió hace 18 años. Si no ha mentido sobre el alcance de su relación con Dorado y no utilizó su cargo para beneficiarle, pienso que no hay causa. Tengan menos prisa los socialistas: los votantes juzgarán a Feijóo, también por aquel pecado juvenil, en las próximas elecciones.

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