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La bandera de 'este país'

Este juego va de distanciarse de una idea nacional que gentes como Iglesias perciben como contaminada y tóxica, pero sin renunciar del todo a ella, por si las moscas.

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Pablo Iglesias | EFE

El otro día reapareció Iglesias Turrión en olor de multitud y en lo que se fijó injustamente todo el mundo fue en los pañales. Porque Iglesias, no en el mitin, pero sí en la entrevista adosada, dijo que estaba más preparado para ser presidente del Gobierno desde que ha estado cambiando los pañales de sus hijos. No es que presumir de cambiar pañales de bebé carezca de interés político, aunque para coronar la empresa le faltó decir que la patria es cambiar pañales. Y es que de patria habló. Como siempre. De la manera habitual, es decir. Pues no es fácil que Iglesias diga "España", pero ha encontrado el sucedáneo en "patria".

"Patria" no compromete, en especial si no queda claro cuál es. Pero por si comprometiera, se apresura a acotar lo que no es: "Patria de banderas, no". Y lo que es: "patria de hospitales, de servicios públicos, patria de derechos para los trabajadores". Y "de mujeres reivindicando". Y "de pensiones". O "de empleo digno". O "de derechos sociales". Si fuéramos a la literalidad, concluiríamos que la patria de Iglesias y de su partido es cualquier país donde haya hospitales, servicios públicos, derechos sociales y demás. No importa cuál. Tienen donde escoger. Pero es evidente de qué va el juego.

Este juego va de distanciarse de una idea nacional que gentes como Iglesias perciben como contaminada y tóxica, pero sin renunciar del todo a ella, por si las moscas. El sucedáneo es una patria que resulta de vaciar España, de quitarle todo contenido específico –y específicamente patriótico– y de rellenar ese vacío, incluso de atiborrarlo, con lemas de pancarta de manifestación sindical. Así tienen algo que oponer a lo que llaman "la patria de banderas", aunque no rechazan las banderas, sino una bandera: la nacional. Ninguno de los que llevaron la tricolor o la ikurriña al acto de reaparición se sintió concernido cuando el orador cargó contra aquella ignota "patria de banderas". Sabían perfectamente que no iba por las suyas.

Las contorsiones de Podemos para rechazar el hecho nacional español de manera que a algunos les parezca que lo rechaza y a otros les parezca que lo acepta son algo más que ridículas. Son representativas. En esto, los líderes podemitas no hacen sino seguir la corriente de nuestras élites de la izquierda. Siguen la corriente de las elites progresistas de este país. Las contorsiones progresistas ante la nación española son el modelo del que Iglesias ha sacado las suyas. Les pasa lo mismo a todos ellos: España les da vergüenza. Su propio nombre les produce una especie de vértigo. Y la bandera, náuseas.

Tienen problemas con España las élites progresistas españolas, y eso es herencia de un pasado que queda más lejos que el franquismo, que es a lo que suele achacarse tal problematización. Aunque no siempre lo saben. Es un sentimiento. Y ese sentimiento les lleva a ser muy cuidadosos cuando hay que definirse sobre España y la nación. Se cuidan de no aparecer como la gente que, sin más, de forma natural, es española. Ponen cautelas y avisos para que quede claro que no se identifican sin condiciones y que no asumen todo su pasado y su historia. Como si tuvieran que hacer un ejercicio de selección, que nadie les pide.

Pues lo hacen. Quieren subrayar que si se identifican con España es porque somos un país muy solidario o por todo lo que hemos avanzado en los últimos cuarenta años o porque es país pionero en alguna ley que les parece maravillosa. Quieren que se sepa que no se identifican con España por ser España. No se les vaya a confundir. No se les vaya a confundir, en fin, con la derecha.

Iglesias hace lo que ha hecho toda la vida la parroquia ilustrada de la izquierda española. Nada esencialmente distinto. Hasta el sucedáneo se parece, aunque los progresistas no le llamen patria, que esa palabra también les da vértigo. Están convencidos de que con España sólo se identifica el personal de derechas, y exactamente lo mismo o peor piensan de la bandera. Pero no porque les molesten las banderas, en general. Eso lo cuentan para parapetarse detrás de alguna justificación. Sólo respecto a su nación son posnacionales. No es que rechacen las banderitas, que así lo suelen decir, porque son internacionalistas o vaya usted a saber. No lo pongan en plural, porque es singular. ¡Y tan singular! Si la bandera nacional les incomoda es porque representa a España, nada más. España, para ellos, es un problema, y como no le encuentran solución, siempre están en un tris de inclinarse por la disolución.

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