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Cristina Losada

La parodia antifranquista, al desnudo

Menos lobos, que la sentencia no sólo descaperuza al acusado, sino también a vuesas mercedes, y deja in puribos los dos simulacros; el de la instrucción y el político

Cristina Losada
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No rige ya, por fortuna, la antigua costumbre de dar muerte al mensajero que portaba malas nuevas. Lo que tenemos ahora, como civilizado sustituto, son especialistas en cambiar el mensaje. Una noticia que perjudica se trasforma  en una noticia que beneficia. Y, ¡zas!, la oscuridad resplandece al mediodía. En esa línea de dar gato por liebre, el partido socialista ha recibido con gran satisfacción la   última sentencia del Supremo sobre las actuaciones de cierto juez cuyo nombre omito por hartazgo. ¿Y qué les resulta tan gratificante? Responde la número dos, Elena Valenciano: "Nos satisface porque siempre creímos que la Justicia debía investigar los crímenes del franquismo". Desde luego que no lo han creído siempre, ni por pienso.  Pero el detalle temporal es accesorio al lado del gran escamoteo. El dictamen del Supremo, como es público y notorio,  afirma justo lo contrario, esto es, que  la Justicia no puede investigarlos.

Tan lejos de lo cierto está esa funcionaria del Ministerio de la Verdad, que la sentencia propina un rapapolvo al Gobierno socialista que montó, con evidentes intenciones, la pantomima de la Memoria Histórica. Si quieren incoar un proceso penal  por los crímenes del franquismo, vienen a decir los magistrados, no vayan al juez de instrucción a menos que antes deroguen la Ley de Amnistía, encuentren posibles culpables con vida, y se carguen varios principios legales de nuestro ordenamiento. Si desean buscar la “verdad histórica”, es muy legítimo, pero tampoco vayan a los juzgados, que eso corresponde al Estado a través de otros organismos. Y si se trata de exhumar fosas, en fin, se suponía que de tal tarea  se había encargado la Administración. En suma, la Justicia no puede actuar al margen de la ley y la ley depende  del legislador.

Las atrocidades de la guerra civil y las subsiguientes no son asunto de los jueces porque los socialistas no han querido, que mayorías han tenido y de sobra. Absolutas con González, pero era cuando no creían, y suficientes con Zapatero, que era cuando hacían creer. No diré que con recochineo, pero el Supremo recuerda que  en julio de 2011 el Congreso  rechazó modificar la Ley de Amnistía, y  con el concurso de los socialistas, of course. Así que menos lobos, que la sentencia no sólo descaperuza al acusado, sino también a vuesas mercedes, y deja in puribos los dos simulacros; el de la instrucción y el  político. Bien  se comprende que aplaudieran la parodia del juez: ¡tapaba la suya! Y es que, mucho me temo, siempre han creído en la estupidez del público.

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