Menú
Cristina Losada

No ha sido el CNI: ha sido el señor Mas

Lo ocurrido no estaba escrito, salvo en las proclamas de la CUP, a la que reprochan que finalmente hiciera lo que dijo que iba a hacer.

Cristina Losada
0
Lo ocurrido no estaba escrito, salvo en las proclamas de la CUP, a la que reprochan que finalmente hiciera lo que dijo que iba a hacer.
EFE

He perdido la apuesta. No esperaba que la CUP abrazara a Mas de corazón, como Mas abrazó al cupero de la sandalia, pero sí que le diera la mano con dos dedos nada más, dos votos de nada, en justísimo reconocimiento de un antisistema a otro. Y este breve matrimonio de conveniencia, sólo para conseguir los papeles de la independencia, era también lo que esperaban las fuerzas vivas del moribundo procés. No esperaron, sin embargo, sentadas y modosas: eso jamás. Por si las moscas, aplicaron todas sus energías pedagógicas para que la pandilla radical entendiera el trascendental momento histórico y no lo echara a perder. Bueno, no lo ha entendido. En realidad, nadie lo entiende. La propia ficción separatista, una obra colectiva, niega que Mas sea imprescindible. Pero lo es. Una cosa es la retórica para las masas y otra el poder.

Lo ocurrido no estaba escrito, salvo en las proclamas de la CUP, a la que reprochan que finalmente hiciera lo que dijo que iba a hacer. En cambio sí está escrito en las líneas de la experiencia que un movimiento radical tiende a acabar en manos de los más radicales de todos. No se sorprendan ni se indignen tanto los compañeros de viaje de Mas por esta jugarreta del destino. ¿Qué se esperaban? Cuando Mas se puso al frente de la movilización separatista para evitar que lo arrollara –suspendamos la incredulidad por un instante–, alimentó el fuego que lo ha chamuscado. Incluso alimentó a la CUP, muy cucamente, para socavar a Esquerra, el rival que podía capitalizar la tormenta que desencadenaba. Otra astucia de Mas, otra maniobra clásica que, como es clásico también, tuvo consecuencias indeseadas.

No se lleva la política al terreno del delirio sin que los más delirantes obtengan su papel en la función y su cuarto de hora de fama. Aunque en materia de delirio el concurso está reñido. Hay cráneos previlegiados del independentismo que atribuyen la decisión de la CUP a los servicios secretos del Estado, lo cual es de alguna manera un homenaje: pocos en España creerán tanto en la competencia y la eficacia de nuestros servicios de inteligencia. Que tales explicaciones circulen demuestra que junto al sentido de la realidad se pierde el sentido del ridículo. Se empieza diciendo que "España nos maltrata" y "España nos roba" y se acaba por decir que Baños y Gabriel son agentes del CNI, traidores y ella, puta. La derrota del pensamiento estaba escrita desde el principio.

En España

    0
    comentarios

    Servicios