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Cristina Losada

¿Quién se juega más en estas elecciones?

Este domingo, todos se juegan mucho, pero los emergentes han decidido jugarse si están en la Champions o no.

Cristina Losada
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Este domingo, todos se juegan mucho, pero los emergentes han decidido jugarse si están en la Champions o no.
EFE

Nadie sabe cómo acabará todo esto, y yo menos que nadie me atrevo con los pronósticos. Pero está en el aire que cuanto ocurra el 24-M servirá para despejar la gran incógnita, que son naturalmente las elecciones generales de este año. Parece, así, de cajón que los dos grandes partidos son los que más se la juegan el domingo. A fin de cuentas, todo el mundo estará pendiente de si se confirma, reconfirma o desmiente el pregonado final de la era bipartidista. Sin embargo, al repasar la campaña se percibe que quienes tienen los ojos puestos en las generales, aún más que el PP y el PSOE, son los partidos emergentes, singularmente Ciudadanos y Podemos. Sospecho que esa fijación no les beneficia.

Los grandes partidos han hecho campaña como la haría el dueño de un restaurante que frecuentamos durante décadas. Cierto que ha tomado confianza y descuidado mucho el trato, que suele darnos gato por liebre y que si cuadra nos mete un calote en la cuenta el día que andamos despistados. Pero lleva la tira de años en el negocio y sabe de qué va, igual que el cliente sabe de qué va él. De modo que, con todos sus defectos, el suyo es un negocio conocido, estable y profesional. Es, como dijo Rajoy en alguna parte, "un valor seguro" frente a los experimentos de nouvelle cuisine, el amateurismo y otras lacras de los que acaban de abrir sus locales. En cuanto al PSOE, se ha limitado en campaña a recordar que su establecimiento está ahí, por si alguien lo hubiera olvidado en el vértigo de estos tiempos.

El mensaje de los grandes partidos se ha concentrado en apelar a los lazos de fidelidad más que en lanzar nuevas y espectaculares ofertas. Los emergentes han hecho justo lo contrario. Esto por razones obvias, ya que no estaban antes ahí o no lo estaban con la extensión actual. Pero también porque tienen la vista puesta en las generales. Así, han combinado un discurso de cambio del sistema con una serie de propuestas para el ámbito autonómico o municipal, que en algunos casos llegaron a los titulares como notas pintorescas: la idea de Colau de implantar un moneda local en Barcelona o la de C’s de controlar que no vivan más de dos personas por habitación en los pisos. Entre otras. En definitiva, frente a la concentración de los grandes y sus maquinarias engrasadas han dado una impresión dispersa y de falta de control, lógica en partidos por consolidar.

Los emergentes, esta es mi hipótesis, proponen mucho y variado y nuevo y llamativo para mostrar que son alternativa a los grandes, no ya en un municipio o en una autonomía, sino en el gobierno de España. Quieren competir con las grandes superficies que son PP y PSOE y como ellas ofrecer de todo –y todo muy novedoso– en lugar de centrarse en unos pocos productos y extremar la calidad. De esa manera corren el riesgo de caer en el friquismo y abonar la especie de que son unos aficionados. En suma, por su ambición de sustituir a los grandes pueden perder la oportunidad, más realista, de convertirse en buenos partidos bisagra. Este domingo, todos se juegan mucho, pero los emergentes han decidido jugarse si están en la Champions o no.

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