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Cristina Losada

Última banalidad separatista

Avisaron al tribunal de que tiene "la responsabilidad de no agravar una crisis política". O nos absuelven o ya saben lo que hay. Pero no es intimidación, quiá.

Cristina Losada
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Cristina Losada - Última banalidad separatista
EFE

La última palabra de los separatistas fue como la primera. El espectador afrontaba esta palabra con expectación, más que nada por la resonancia de su condición de última. Predispuesto por ese dramatismo, esperaba que de la mano de los acusados alzara el vuelo la oratoria, se desbordara la copa de la grandilocuencia y se derramara, en la sede del Supremo, el palpitante líquido de la literatura en un "J’accuse" como el de Zola. Pero no debe de haber en el nutrido séquito intelectual del separatismo ninguna pluma que despierte a las palabras de su estado prosaico. No la hay, y esta ha sido la enésima prueba. Sonaba última palabra a última voluntad del reo y el espectador fue todo oídos, olvidando que el reo, a veces, sólo quiere cenar un bistec.

Hubo tiempo para la mala lírica. Cómo no. Es lo esencial. Aunque no sé si encaja del todo en la categoría esta sorprendente afirmación de Turull: "Los catalanes no son ovejas y la violencia nunca ha formado parte de su código de conducta". Ovejas y violencia casan mal, pero es sólo una opinión. De todos modos, la parte lírica la dedicaron a cantar las virtudes democráticas, cívicas y pacíficas de los separatistas –a los que insisten en llamar "Cataluña" o "sociedad catalana"– y a llorar el dolor, su dolor. "Un dolor que ha causado el Estado", dijo Sànchez, matando el efecto del dolor con el efecto estatal.

Citas hubo también. Junqueras parece que citó a Petrarca y Rull al inevitable Espriu. Más filósofo en sus ratos libres, Sànchez encontró en alguna página de citas lo de Sócrates sobre la injusticia, pero luego quiso seguir el hilo y nos alarmó. Dijo: "La no violencia es asumir las consecuencias como lo hizo Sócrates. Y asumirlas a pesar de que esas consecuencias sean injustas y causen dolor". ¿Seguirá este Jordi el ejemplo de Sócrates? Enseguida nos despreocupamos: está claro que no. A punto estuvo Romeva de citar una célebre frase que se atribuye a Unamuno, pero se quedó en un simple: "Con la fuerza y la represión no van a convencer". Don Miguel es mucho autor para un político como él.

Política fue el término más usado y abusado. Prácticamente todos se presentaron como "políticos", menos Junqueras, que prefirió vestirse de padre de familia y profesor. "Somos políticos haciendo política", declaró Romeva. Fue una frase tautológica, que los demás, de un modo u otro, hicieron suya. Porque, en su peregrina idea, un político haciendo política es imposible que cometa un delito. Literalmente imposible. ¿Cómo va a ser delito hacer política? La ley, lo vienen diciendo desde el mismo principio, no está para constreñir la política. La ley no existe para la política. Y la política existe para que la ley no se aplique. No sólo lo pidieron. Hicieron más. Avisaron al tribunal de que tiene "la responsabilidad de no agravar una crisis política". O nos absuelven o ya saben lo que hay. Pero no es intimidación, quiá.

El espectador se enteró de cosas prodigiosas. Como que el 1 de octubre fue "el mayor acto de desobediencia política de Europa". Todo lo que hacen siempre tiene que ser lo más plus. O que "Cataluña como nación existe antes de la Constitución, y las instituciones catalanas también". Suerte que no entró a dar Rull antigüedad más precisa. Y se enteró también el espectador de cosas tiernas. Por ejemplo, que si tuviéramos "el detalle de empatizar" con los seguidores del separatismo comprobaríamos que "no es el odio lo que mueve a estas personas". Ningún odio. Lo demuestran cada día. Pero nada de esto, ni prácticamente nada de lo que dijeron, tiene valor jurídico o político.

Las últimas palabras de los acusados fueron un estribillo requemado y machacón, una retahíla de tópicos acumulados por el separatismo en su retorcido camino al golpe. Pero ahora ya fatalmente desgastados, sin el fulgor de cuando iluminaban sus tinieblas, perdido el brillo oscuro de la amenaza capaz de poner en jaque al Estado. Y, definitivamente, sin estilo. ¿Es que no tienen quien les escriba? Tanto peor. Lo que tienen es quien les juzgue.

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