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España, en su hábitat natural

Francia es clara favorita en la primera semifinal, aunque los de Jordi Ribera han demostrado que son capaces de cualquier cosa.

Daniel Blanco
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España se cita con Francia en semifinales del Europeo de balonmano. | EFE

Ahí está España, a las puertas de la gloria. Demostrando a muchos que ha sido complicado pero que ha merecido la pena. El objetivo mínimo marcado por buena parte de la expedición se ha cumplido y ahí está la selección compitiendo por una medalla, igual que hizo en cinco de los últimos seis campeonatos. Sólo faltó a la cita de la semifinales el año pasado en Francia, en un Mundial muy complejo.

El envite de este viernes es de aúpa. La Francia de Nikola Karabatic, la tremenda selección gala, campeona olímpica en 2012, campeona mundial en 2015 y 2017 y reina de Europa en 2014. Un combinado de época que también llegó a la final de los Juegos en 2016, cedidos ante la Dinamarca de Mikel Hansen, también muy fuerte en este campeonato y que mañana dirimirá la otra plaza en la final ante Suecia. Una selección, la francesa, con Didier Dinart en el banquillo, que ha impuesto un estilo propio, no muy lejos del de Claude Onesta que había permanecido 15 años en el cargo, una época también dorada en el balonmano galo.

Se presenta este partido para España como una reválida. Hemos llegado al objetivo pero Jordi Ribera quiere más. "Si estamos aquí es para competir, no nos queremos ir con las manos vacías". Desde enero de 2012 no les podemos ganar y Francia lo ha hecho en los últimos tres cruces con algo en juego. Es la bestia negra. En Londres, en los Juegos de 2012 un gol en el último segundo de William Accambray nos envió para casa. En el Europeo 2014, España desaprovechó hasta cuatro goles de renta en las semifinales y en 2015, en el Mundial de Qatar un mal día no nos dio opciones. Francia sabe jugar estos partidos.

El favoritismo claro es francés en la cita de este viernes (18.00 h, Teledeporte). Francia ha ganado todos los partidos del torneo y España se ha mostrado irregular. Afortunadamente los tropiezos (Dinamarca en la primera fase y Eslovenia, el otro día en el peor encuentro de los nuestros), no han tenido importancia. Lo bueno para la selección es que esos malos momentos se han superado con excelentes muestras de balonmano (ante Macedonia o ante Alemania) que han permitido al grupo de Ribera alcanzar esta cima.

Importantes en la zona central han sido Aginagalde, Guardiola, Morros... Hemos jugado mucho por el centro, zona fuerte española que ha permitido hacernos casi inexpugnables en muchas fases del campeonato. Esa es una de las claves para el encuentro de semifinales. También han brillado los extremos. Especial mención para David Balaguer y Valero Rivera. Y la portería ha estado inmensa. Rodrigo Corrales se consagró el día de Alemania (el de su cumpleaños) y Gonzalo Pérez de Vargas ha rayado a buen nivel. La desgracia es la lesión por la que Ribera ha tenido que llamar a Arpad Sterbik para estos días finales.

Queda saber si por fin se va a poder con Francia. Si ya estamos preparados para competirles firmemente. La final espera para repetir la hazaña de hace dos años en Polonia, donde la selección fue subcampeona, pero la sensación del torneo fue de perder el oro cuando estaba entre las manos. Aquella final ante Alemania nos dejó KO todo el año y tres meses después perdimos el billete olímpico.

Ahora la sensación es de más reto. Escalar una montaña que parece inaccesible. Como difícil estará ganar el metal si somos los perdedores de este duelo. Todo es un campo de minas en un Europeo y nadie se salva. Si no, que le pregunten a las selecciones que no han llegado hasta aquí. Ni Croacia, en su Europeo y ante 15.000 almas enfervorecidas todos los días en Zagreb, ha cumplido. Nadie dijo que fuera fácil.

Daniel Blanco es subdirector de El primer palo

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