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Daniel Blanco
Daniel Blanco

El alumno que no estudiaba

Como el estudiante, el Barcelona vaguea, tontea con resultados y, lo que es peor, ofrece tardes infumables a la gente que acude al estadio.

Daniel Blanco
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Como el estudiante, el Barcelona vaguea, tontea con resultados y, lo que es peor, ofrece tardes infumables a la gente que acude al estadio.
Cordon Press

El FC Barcelona es ese alumno que no estudia mucho y que tiene problemas para sacar el curso. Un día decide hacerlo, decide trabajar en su habitación más de lo normal. La madre, ingenua, cree que esto va a ser así siempre y se conforma. Pero el alumno no repite esas rutinas todos los días, de hecho son más las tardes con amigos, vagueando, que las ocupadas delante de los libros.

En junio llega la nota y es negativa, suspenso o aprobado raspado pero nunca más allá del notable. El curso ha pasado a regañadientes y el alumno sabe que va a ser un final regular tirando a malo. Pero no pone remedio. El Barcelona es eso ahora. Llena las mentes de los seguidores con ideas vanas de que esto puede ser otra cosa tras cada alegría pero acaba siendo un misterio por qué juega tan mal la mayoría de ratos.

Así van pasando los meses y, como el estudiante, el Barcelona vaguea, tontea con resultados y, lo que es peor, ofrece tardes infumables a la gente que acude al estadio. Desde que el aforo puede ser el total, el Camp Nou no ha presentado ni media entrada ningún día. Algo se hace mal y los que están en el césped tienen la culpa.

Por eso, tardes como la del Dinamo de Kiev se repiten demasiado los últimos meses, quizá el último año y medio desde la trágica tarde en Lisboa de agosto del 20 con aquella goleada histórica ante el Bayern. El Barça respira con oxígeno desde hace mucho y la victoria de este miércoles huele a supervivencia nata, a salvar la vida para volver a ponerla en peligro dentro de unos días, quizá en el Clásico del domingo ante el Madrid.

La Champions revive para el club azulgrana tras esta victoria pobre ante un rival muy deficiente. Se va a viajar a Kiev, el 2 de noviembre, con la intención de ganar y de atisbar, si el Benfica, como parece, pierde en Múnich, la clasificación a tiro. Estaría, quién lo diría, más fácil de lo que nunca pensó el socio culé. Si como "fácil" se puede considerar ganar en el Camp Nou al conjunto lisboeta el miércoles 25 de noviembre.

Porque las cuentas que han echado en el seno del club son claras. Los de Koeman no pueden, bajo ningún concepto, viajar a Múnich en la última jornada con algo en juego, ni siquiera valiéndole un empate. Lo que se está viendo del club alemán no despierta mucha esperanza. El Bayern descuartiza a sus rivales sin piedad y eso, que ahora es buena noticia porque le quitará todos los puntos al Benfica, se convierte en letal para el Barça si va a Alemania a jugarse algo. Este equipo no puede ahora, salvo milagro, puntuar allí.

Van pasando los días y las sensaciones no acaban de ser buenas. Lo pueden ser en un momento en el que el Barcelona decida hacer algo más, decida verse sometido hasta tal punto que diga basta. Como ese estudiante que sí toma un día la decisión de estudiar. Porque estudiando es más fácil acabar bien el año. Sin hacer los deberes nadie llega a puerto, salvo que tengas a un tipo desequilibrante. En su día era Messi pero el desierto tras el argentino es más grande de lo que se preveía.

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