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Daniel Portero

El indomable Fungairiño

Un abrazo, Eduardo; y que mi padre y otros grandes compañeros fiscales que ya no están con nosotros, como Blanca Rodríguez, Balaguer y otros tantos, te hagan un merecido homenaje.

Daniel Portero
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La última vez que vi a Eduardo Fungairiño fue en la Fiscalía General, en la toma de posesión de Jesús Alonso como fiscal jefe de la Audiencia Nacional, hace casi año y medio. Recuerdo sus cariñosas palabras hacia mi familia, como siempre, y su evocación de mi padre, cuyo asesinato a manos de ETA, en Granada (2000), le impresionó mucho.

Aquel día de invierno de 2018, Eduardo Fungairiño me dijo que debíamos seguir ejerciendo la acusación popular, porque era muy necesaria para la sociedad. A esas palabras, yo le respondí: "Seguiremos en la brecha, Eduardo, pero cada vez nos ponen más dificultades para ejercitarla". Sin embargo, él me animó y me transmitió mucha energía positiva, que yo trasladaba a nuestros quehaceres en Dignidad y Justicia. Tras su fallecimiento, he querido esperar unas horas para evocar diferentes momentos de su vida. Yo me quedo con dos muy importantes para la mía. El primero fue cuando, en 2002, tuvimos que asistir en la Audiencia Nacional al juicio contra los dos autores materiales del asesinato de mi padre. Recuerdo lo cariñoso y amable que fue con nosotros Fungairiño antes del juicio, además acompañó al fiscal Balaguer, que fue quien llevó la investigación del caso. El segundo fue su destitución en 2006, como consecuencia de las exigencias de ETA en la negociación que mantuvo con el Gobierno de Gorburu-Zapatero. En su lugar, el entonces fiscal general Cándido Conde Pumpido colocó al fiscal Javier Zaragoza, quien no ayudó mucho en la lucha antiterrorista durante la época de la negociacion con ETA pero que posteriormente enmendó ese error, y de hecho en el juicio contra los separatistas catalanes ha llevado a cabo una brillante acusación. Aquel día, en su despedida de la Audiencia Nacional, pude ver le mucho que le querían sus compañeros.

Sólo me queda añadir que, en la época de Felipe Gonzalez, Eduardo Fungairiño y unos pocos compañeros suyos eran Los Indomables porque nunca se plegaron al Poder Ejecutivo y mantuvieron la independencia que debe tener el Ministerio Fiscal.

Un abrazo, Eduardo; y que mi padre y otros grandes compañeros fiscales que ya no están con nosotros, como Blanca Rodríguez, Balaguer y otros tantos, te hagan el merecido homenaje que bien mereces.

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