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Lo de la casta era mentira, claro

Ni Podemos ni al parecer sus votantes se han creído jamás aquello de la casta y del PPSOE.

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El movimiento 15-M y la formación política que surgió de él, Podemos, llevan desde su nacimiento dándonos la matraca con que la cosa no iba de izquierdas y derechas, sino sobre los de arriba y los de abajo. Que PP y PSOE eran en realidad la misma mierda, una casta que imponía sus intereses sobre todos los demás. Que el problema era la falta de democracia, que los partidos mayoritarios no nos representaban, que hacía falta un cambio político más allá de las ideologías.

Era todo mentira, claro.

Tanto Podemos como el 15-M estuvieron dirigidos siempre por gente de extrema izquierda, y cuando hablaban de los fallos de la democracia y de la maldad de los partidos mayoritarios lo que querían decir es que España no podía ser un país democrático si no gobernaban ellos, que son los buenos.

Con este mensaje Podemos ha tenido un gran éxito en estas elecciones, fagocitando a Izquierda Unida y quedándose con un buen número de votantes que, de no existir esta nueva formación, se habrían abstenido o votado al PSOE. De modo que ahora ha de tomar decisiones. Y es ahora cuando está adoptando con toda naturalidad la misma postura negociadora que tuvo su antecesor, Izquierda Unida: pactar con todo lo que se mueva que sea de izquierdas o nacionalista. Porque la casta es muy mala, pero si es el PSOE menos. Que lo del PPSOE era en realidad una broma: realmente el malo ha sido siempre el PP.

Los ejemplos más claros, por ser los más notorios, son Barcelona y Madrid. Manuela Carmena dio por sentado que sería alcaldesa, siendo segunda fuerza, desde que se supo que la aritmética electoral le permitía un pacto con el PSOE. Ada Colau, por su parte, ya ha dejado claro que está abierta a acuerdos con cualquiera menos con PP, CiU o Ciudadanos. Los dos primeros, vale, son casta; pero ¿por qué con Ciudadanos no? Porque desde su punto de vista es demasiado de derechas, claro, y aunque seamos un movimiento transversal y eso, pues tampoco hay que pasarse.

El caso es que su comportamiento tras estas elecciones está dejando claro que ni Podemos ni al parecer sus votantes, que están aplaudiendo con las orejas que su partido alcance el poder de la mano de los socialistas, se han creído jamás aquello de la casta y del PPSOE. Y que los únicos que siempre nos lo hemos creído, que siempre lo hemos denunciado tanto con el PP como con el PSOE en el poder y que hasta inventamos el término, nos volveremos a quedar solos. En estos meses veremos cómo Podemos nos intentará vender que siguen luchando contra la casta, que siguen luchando por los de abajo contra los de arriba. De la mano de un partido que empezó a tocar poder ya en la dictadura de Primo de Rivera; que mantiene en Andalucía la mayor red de corrupción gracias a los 33 años que lleva gobernándola de forma ininterrumpida; que tiene tentáculos en todos los resortes de poder de España. Pero como los socialistas son de izquierdas, no pueden ser casta, claro.

Si el año que viene, como parece previsible, gobierna en España una coalición de socialistas y bolivarianos nadie hablará de casta. El término habrá cumplido su propósito y dejará de ser útil. Y los liberales volveremos a quedarnos solos para denunciar los abusos del poder sobre el individuo. Como siempre.

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