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Bad Bunny y el dedito levantado

Una de las corrientes de izquierdas más plastas y más metomentodo es sin duda la feminista.

Una de las corrientes de izquierdas más plastas y más metomentodo es sin duda la feminista.
MADRID, 30/05/2026.- El cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny durante el concierto que ha ofrecido este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/ Juanjo Martín | EFE

Empezaron con aquello de que "lo personal es político" y desde entonces no han parado primero de moralizar y politizar cualquier comportamiento privado y luego de legislar para meter las narices del Estado hasta en lo más íntimo. Si la máxima es que el Estado no puede meterse en las vidas privadas, la respuesta de la izquierda ha sido que la mayor parte de nuestras vidas dejen de serlo. Eres mala persona por comer carne, por conducir, por fumar, por gustarte los toros, por ganar demasiado dinero, por reírte de un chiste incorrecto, por follar mal, por hacer turismo… Así que lo siguiente es racionarte la carne, restringir la circulación, prohibir fumar hasta en tu terraza, cerrar las plazas de toros, hacer lo imposible para que nadie pueda enriquecerse, cancelarte e impedirte los vuelos cortos o baratos y que un señor de Cuenca pueda alquilarte la casa para tres días.

Una de las corrientes de izquierdas más plastas y más metomentodo es sin duda la feminista. El mal absoluto es el machismo y es machista abrir las piernas en el metro, explicarle algo a una mujer, abrirle la puerta, soltarle un piropo o invitarla a cenar. Pero no Bad Bunny. Rita Maestre señala con el dedito a Roro por hacer vídeos donde le cocina a su Pablo, pero exculpa letras como "quiero un totito inédito" porque, claro, es que en caso contrario no podrías escuchar música. Señalamos con el dedito a las azafatas de la Fórmula 1 o las vueltas ciclistas y las dejamos sin trabajo, pero aplaudimos el reclutamiento de tías buenas para el escenario de la Casita. Ester Expósito pasa de levantarle el dedito a la "cosificación del cuerpo de la mujer" a llamar misóginos a quienes señalan que no hizo otra cosa que sexualizarse en el escenario. Carla Galeote monta el pollo por las bromas compartidas entre chicos y chicas de dos colegios mayores, pero reclama el derecho a desconectar dos horas del feminismo obligatorio. Obligatorio para los demás, claro.

El problema no es que las feministas tengan que cabalgar contradicciones o que la vida en general se lleve mal con la coherencia. Es el dedito. El puto dedito. Que no te dejen en paz jamás. Que no puedas dar un paso sin que una feminista te esté señalando el profundo machismo de cada cosa que haces, dices o piensas con las excusas más peregrinas del mundo. A mí me puede parecer mejor o peor, tanto ética como estéticamente, que una mujer que se diga feminista disfrute de un concierto de un señor cuya música habla esencialmente de a cuántas se folla. Pero es su vida. Su vida privada. Sus pésimos gustos musicales. El problema es que esa misma feminista luego te llame de todo porque considera que no lavas suficientemente los platos o porque, siendo calvo, pobre y feo, has tenido la osadía de intentar ligar.

La psicología evolucionista explica muy bien todo lo que sucede en la Casita, el afán de tanta mujer por alcanzar uno de los palcos VIP más exclusivos del mundo y el porqué de las excusas feministas a todo este comportamiento tan enraizado en la biología como escasamente cultural. Uno puede clamar al cielo resignado por lo poco que cambia la naturaleza humana por mucho pintalabios que le pongamos al cerdo, pero indignarse por quienes simplemente siguen su naturaleza parece un ejercicio de melancolía bastante inútil. Pero que al menos no nos levanten el dedito. ¿Es mucho pedir?

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